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2014 Dopamina, empoderamiento y responsabilidad: sin cambiar la evaluación no cambiaremos la educación


“Si cuando evaluamos es imposible ser objetivos, por lo menos seamos honestos”
Clara Megias

Clara tiene siempre un sueño recurrente, un sueño en el que parece que va a morir y lo único que le preocupa es que no llega al examen que tenía programado. Es tal el nivel de autoexigencia que ha desarrollado desde niña con relación a los exámenes, que en sus peores pesadillas se repite esta angustiosa y terrorífica sensación de tener que llegar a una prueba en la que todos más o menos repetimos el ritual emblemático de la educación bulímica: atracón de datos, vómito y olvido sazonado con grandes dosis de ansiedad, miedo y desazón.


Uno de los problemas centrales de la actual crisis en la que vive lo pedagógico es sin lugar a dudas la problemática de la evaluación, un proceso que se ha vuelto el centro de la educación, lo que desbarata la posibilidad de que alguien aprenda. Tal como expongo en el capítulo cinco de #rEDUvolution, tenemos que aceptar el fracaso de la evaluación como un proceso efectivo: si funcionase no tendríamos los resultados que tenemos en las instituciones formales. Esta es otra razón por la que resulta imprescindible reflexionar sobre cómo, por qué y para qué evaluamos, teniendo en cuenta que lo que entendemos por evaluar, y su principal herramienta, calificar, consisten en representar numéricamente lo que consideramos que ha aprendido un estudiante con el objetivo de legitimar su paso de un nivel a otro. Es una tarea específica de la educación reglada, la cual necesita un apoyo legal para justificar quiénes avanzan y quiénes no. Es decir, la evaluación es una prolongación de los sistemas de legitimación del Estado en la educación: su existencia realmente no tiene que ver con el aprendizaje, tiene que ver con la validación de saberes, con mecanismos artificiales que la sociedad occidental requiere para establecer comparaciones y organizar las clases sociales sirviéndose para ello de la escuela, la universidad y otras instituciones.


Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer? La evaluación no debe ser un arma, sino una ayuda, debe ser una herramienta para que el aprendizaje suceda en vez de ser precisamente su freno. Pero, debido a que soy realista y sé que es imposible abolirla, mi propuesta de cambio parte de tres propuestas: la idea de descentrarla (que es exactamente lo que ocurre en los actos educativos no formales donde el aprendizaje sucede sin la obsesión por los resultados cuantitativos); transformarla en investigación y utilizar métodos cualitativos para ejercerla desde la práctica y, por último, aceptar que el paradigma numérico positivista no es más que uno de los sistemas de representación posibles y empezar a crear otras formas de representación del aprendizaje.


Por todas estas razones, en la quinta sesión de la Escuela de Educación Disruptiva que tuvo lugar el pasado 24 de mayo, nos preguntamos, tal como hacen numerosos profesionales preocupados por el cambio de paradigma, si la evaluación mata la educación. Y para ello invitamos a tres agentes que trabajan alrededor de este tema como Sebastián Barajas autor del libro Aprender es hacer o cómo adaptar el sistema educativo al siglo XXI, Carlos González Tardón profesor de la U-TAD y experto en evaluación gamificada y Lucía Sánchez Madrid, profesora de Educación Plástica y Visual en la Educación Secundaria Obligatoria, quien ha desarrollado un sistema de evaluación completamente disruptivo.



La sesión comenzó con la presentación del tema por mi parte y por parte de Clara Megías (sí, la misma Clara que no podía llegar al examen) de los dispositivos de gamificación de la sesión, diseñados entre Carlos y ella, que consistían en unas brochetas de papel rojo o verde y unas galletas de la suerte. Estos materiales forman parte de la metodología de trabajo de la #EED y funcionan como detonantes que, insertados dentro de la dinámica global, rompen el formato y estimulan la participación.



Fue entonces cuando dio comienzo la primera conversación de la jornada centrada en cuestionarnos la validez de los exámenes y en la propuesta de Sebastián como alternativa a los mismos: la Educación basada en Escenarios de Aprendizaje. Cuando le pregunté a Sebastián si consideraba que la evaluación mata la educación, lo tuvo clarísimo, contestó que sí, y puso dos ejemplos imbatibles para demostrar la ineficacia de los exámenes: ¿seríamos capaces los conductores de la sala de aprobar en este mismo momento el examen que hicimos en su día para sacarnos el carnet? ¿Aprobarían los exámenes puestos por sus compañeros el resto de los profesores de cualquier claustro? Comparto completamente con Sebastián la idea de que los exámenes no sirven para nada o, incluso aún peor, sirven para ejercer ese tipo de pedagogía que intentamos cambiar, ese modelo obsoleto que solo persigue el control, la anticreación de conocimiento y la sumisión intelectual. Como alternativa a la evaluación tradicional, al igual que Roger Schank, propone la Educación basada en Escenarios de Aprendizaje, un sistema de aprendizaje donde se valida el aprender haciendo, incluso en los procesos de evaluación.


Tras la conversación con Sebastián llegó la conversación con Carlos, quien comenzó haciéndonos saltar para demostrar la potencia electrizante del juego, la eficacia de lo disruptivo. Lo primero que le pregunté fue qué significaba el término gamificación a lo que respondió que consiste en obtener la estructura de los videojuegos e insertarla en ámbitos no lúdicos y desde allí vinculamos la gamificación con la evaluación, es decir, trasladamos las dinámicas de juego al espinoso tema que nos ocupa lo que se puede denominar como evaluación gamificada. El discurso de Carlos se basó en tres ideas clave, dopamina, empoderamiento y responsabilidad, esto es, para conseguir que la evaluación realmente conduzca al aprendizaje lo primero (y con esto volvemos a conectar con Francisco Mora y la Neuroeducación), necesitamos cargar el proceso de emoción, electrificarlo. 


Necesitamos que, en vez de ansiedad y pesadillas, la evaluación sea entendida como un reto con los niveles de segregación de dopamina que los retos conllevan, es decir, necesitamos reconectar la evaluación con el placer. En segundo lugar, los procesos evaluativos tienen que empoderar al estudiante, teniendo en cuenta que por empoderamiento Carlos sobre todo entiende participación. Ya sabemos que el aburrimiento es el mayor enemigo del aprendizaje y los estudiantes se aburren en nuestras clases porque no les dejamos participar, por lo tanto debemos de incluir mecanismos de participación en la evaluación a partir de los cuales los estudiantes entiendan esta parte del proceso de aprendizaje como una construcción más, en vez de como un proceso completamente ajeno, cerrado, doloroso y absurdo. Y, para terminar, la evaluación ha de estimular la responsabilidad


Esta idea resulta clave porque en mi experiencia como estudiante siempre he pensado que mis notas poco o nada tenían que ver con mi participación en el proceso, sino que tenían que ver más bien con la suerte que me tocara. Por esta razón, la evaluación del siglo XXI debe de estimular la responsabilidad evidenciando que el aprendizaje es un proceso en el que lo que ocurre es la consecuencia directa de lo que hemos hecho con anterioridad como creadores de conocimiento en vez de un proceso mágico donde todo depende del estado de ánimo del profesor cuando corrige. Carlos ilustró estas tres ideas con su propia práctica docente, completamente cuantitativa, que gamifica a tope y que consigue que sus alumnos salgan del simulacro, aprendan de verdad y encima lleguen superpuntuales a clase.


Para llevar a la práctica las nociones tratadas en las conversaciones de la mañana, después de la comida, tuvo lugar el Taller de Evaluación Creativa diseñado por Lucía Sánchez quien, tras explicarnos el trabajo que está realizando en su práctica docente como profesora de la ESO (que se configura a su vez como el tema principal de su tesis doctoral) y entre otras muchas cosas interesantes (que se pueden disfrutar en los vídeos de la sesión), hizo hincapié en una idea central: la imposibilidad de que cualquier proceso evaluativo sea objetivo. Desde el momento en el que una persona juzga un producto realizado por otra, el inconsciente se vuelve a colar y lo que alguien representaría con un ocho, otro alguien representaría con un cero, siendo las pedagogías invisibles las que en muchos casos nos hacen subir la nota a los estudiantes que nos gustan y bajársela a quienes nos molestan. Debemos poner encima de la mesa esta realidad y empezar a ser honestos.


En el pasillo donde se realizan los talleres nos esperaban seis cajas, seis cajas cerradas que disparaban nuestra expectativa sobre lo que había dentro, ejercían la sorpresa y hacían crecer nuestros niveles de dopamina. Nos dividimos en seis grupos para abrirlas: una de ellas contenía piezas de fieltro, la segunda fichas para hacer un puzle, la tercera pajas de colores, y agua y jabón para hacer pompas, la cuarta marcos de colores y rotuladores, la quinta una libreta de papel y la última, lanas y otros tejidos. Mediante todos esos materiales, los participantes representamos lo que habíamos aprendido en las conversaciones de la mañana sin números y sin letras, dando fe de que no solo se puede representar el aprendizaje de miles de maneras diferentes y a través de muchos lenguajes, sino que los sistemas de representación cualitativos son mucho más complejos y, por lo tanto, mucho más veraces que los sistemas de representación numérica positivista.


Si queremos ejercer el cambio y abandonar un sistema obsoleto que no nos representa, no podemos cambiar el resto de nuestras prácticas sin cambiar también la evaluación. Descentrarla, transformarla mediante diferentes formatos y conseguir empoderar a la comunidad de aprendizaje a través de ella, en vez de ejercer el miedo y el control, es definitivamente uno de los retos que tenemos como profesoras y profesores del siglo XXI. Cambiar los sistemas de evaluación no solo es necesario, sino que es posible. Adelante, podemos.   


2014 Del fragmento a la pieza: redes sociales, conocimiento rizomático y la necesidad de escribir con lápiz



En el año 2011 Alejandro Piscitelli (sí, él una vez más) se quedó estupefacto cuando nos conocimos y supo que la única tecnología de que disponía para conectarme con el mundo exterior era mi correo electrónico. Por entonces yo no tenía Facebook, ni Twitter, ni por supuesto se me ocurría escribir un blog. Cuando Alejandro se enteró de estas ausencias, me miró fijamente y me dijo: “La suerte solo llama a quienes están conectados”, así que desde esa misma tarde me creé mi perfil de FB, mi cuenta de Twitter y un poco más tarde abrí mariaacaso.es
   
Las redes sociales entraron en mi vida profesional y cambiaron muchas cosas, de las que la más importante era, sin lugar a dudas, que mis estudiantes y yo éramos más listos y aprendíamos más. Esto ocurría porque dichas redes introducían una serie de cambios sustanciales en nuestro aprendizaje, siendo el primero de ellos que dichas redes potenciaban un tipo de aprendizaje menos jerárquico ya que su propia estructura rizomática, sin centro definido, desestructuraba la transmisión lineal y vertical. Resultaba que, gracias a la información que la comunidad de aprendizaje subía a FB, yo aprendía un montón de los alumnos, los alumnos entre ellos y todos nosotros de personas que no conocíamos y cuya información remezclábamos. Además, era especialmente rico el conocimiento que generábamos a través de contenidos considerados como no académicos (vídeo clip, series y todo aquello incluido dentro del concepto de baja cultura) y que además llegaba hasta nosotros desde formatos audiovisuales.  

Otra de las grandes ventajas que posibilitó esta incorporación fue la rotura espacio temporal: de repente podíamos aprender en todas partes y a cualquier hora. El aula se expandía redefiniendo el concepto lugar y el concepto tiempo y, fundamentalmente gracias a Twitter, compartíamos lo que estaba pasando dentro de las cuatro paredes con aquellas y aquellos que estaban en el exterior anulando la privacidad de la matrícula. Y además, resultaba que nos divertíamos más: las redes sociales hacían que nos conociésemos, paradójicamente, de manera más profunda, que lo biográfico se colase en la experiencia y que los afectos y el humor fuesen una constante en nuestros contactos, tanto virtuales como presenciales.   


Todos estos temas son los que trabajamos el pasado sábado 22 de Febrero en la sesión número tres de la Escuela de Educación Disruptiva de Fundación Telefónica, que, tal y como ocurrió con la sesión anterior y el uso de los dispositivos móviles como herramientas de producción, versó sobre herramientas que tienen vetado su uso en el aula y al mismo tiempo desarrollan una presencia cada vez mayor en el mundo exterior. Nuestro interés era debatir cómo el uso de Twitter, FB, Linkedin, Tuenti, blogs, wikis, Delicious, Pinterest, Vine, pueden transformar el aula en un lugar más democrático, más visual, expandido y más emocionante. Para ello contamos con tres profesionales de la educación apasionados de la rEDUvolution y de las posibilidades de cambiar el formato, entre otras cosas, a través de las redes sociales.  


El primero de ellos fue César Poyatos que, como él mismo aclaró al principio de su participación, trabaja en el Planeta ESO. Tras la breve presentación de apertura de la sesión, César explicó a la audiencia cómo había diseñado una serie de detonantes (agitadores mentales diseñados por David Perkins del Proyecto Zero) para que se desarrollasen a lo largo de la sesión. El primero de ellos tenía por nombre “Tres dos uno puente” y consiste en una dinámica en la que hay que pensar tres ideas, dos preguntas y una imagen que compartes con quienes tienes al lado…. 


Tras este primer detonante comenzó la charla de Antonio Rodríguez de las Heras (www.ardelash.es) catedrático de Cultura Digital en la Universidad Carlos III de Madrid y uno de los comunicadores más maravillosos que he tenido la suerte de disfrutar en mi vida. Antonio, como no podía ser de otra manera, comenzó con una metáfora de inicio que sacudió nuestras cabezas: la megalópolis, un lugar donde los habitantes derriban los edificios para crear plazas en las que relacionarse de una manera diferente: creando corrillos. La plaza que describía Antonio era una plaza llena de rumores y sin atriles ni púlpitos, una plaza donde la clave es la circularidad de los corrillos, su flujo horizontal, el placer de la charla. Son círculos pequeños que animan al trasiego: la gente entra, se va a otro corillo, vuelve mientras la comunicación fluye.  

Las redes sociales son, según Antonio, los lugares desde donde estamos reinterpretando la oralidad contemporánea, donde estamos dando nuevos usos a la información de carácter efímero ya que actuamos en ellas de la misma manera que como actuamos cuando hablamos. Son lugares donde lo fundamental es retuitear, que haya eco, donde el sentido se logra cuando repetimos y donde esa reapropiación, por parte de los demás de la información generada por uno mismo, se entiende como un éxito y no como un plagio. 

De la plaza, Antonio continuó hasta la pieza, desarrollando otra metáfora maravillosa al poetizar sobre la diferencia que existe entre el fragmento y la pieza: mientras que los fragmentos son trozos de información que solo se pueden recomponer hasta volver a montar una estructura dada, las piezas son pedazos que pueden dan lugar a una estructura nueva. Mientras que quien trabaja por fragmentos tiene en mente la imposibilidad de que se genere información distinta a la suya, quien trabaja por piezas lo que quiere es que los receptores sean capaces de transformar dicha información en otra diferente. De manera muy similar a como comentan Deleuze y Guattari, la pieza no tiene “general”: 

“El rizoma procede por variación, expansión, conquista, captura, inyección. Contrariamente al grafismo, al dibujo o a la fotografía, contrariamente a los calcos, el rizoma está relacionado con un mapa que debe de ser producido, construido, siempre desmontable, conectable, alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas, con sus líneas de fuga. Contrariamente a los sistemas centrados (incluso policentrados) de comunicación jerárquica y de uniones preestablecidas, el rizoma es un sistema acentrado, no jerárquico y no significante, sin General, sin memoria organizadora o autómata central, definido únicamente por una circulación de estados” (Deleuze y Guattari, 2008:49). 



Mientras que la educación tradicional, fuertemente anclada en el paradigma del texto escrito y del examen, trabaja con la idea de fragmento, como si la información fuese una adivinanza que tiene que recomponer el estudiante, en la educación disruptiva trabajamos desde de la idea de pieza a partir de la cual creamos piezas más grandes. El fragmento implica una condena, la imposibilidad de recombinar. Quien trabaja por fragmentos desea un reflejo de su discurso; quien trabaja por piezas lo que desea no es solo la reapropiación de su discurso, sino la transformación de su discurso en el discurso del otro, con toda la riqueza de la singularidad, la creatividad y la remezcla que este proceso conlleva. 


Tras la participación de Antonio y el segundo detonante diseñado por César, llegó Tíscar Lara (http://www.slideshare.net/tiscar/educacin-disruptiva-y-redes-sociales) para establecer una nueva metáfora y edificar las conexiones entre las redes digitales y las redes humanas. Comenzó conectando las redes sociales con el concepto intraemprendimiento y la figura del docente in-prendedor, ese docente que, en vez de quejarse, hackea el aula y miente al inspector, genera sus propios materiales y se entiende como coach, DJ y community manager. Tíscar hizo hincapié en uno de los problemas educativos más graves de entre los que nos rodean, la ausencia de formación del profesorado válida para estos docentes que quieren hacer la #rEDUvolution y cómo entonces, muchos de ellos crean redes de conocimiento no institucionales y se agrupan en organizaciones como AULAblog, desde donde generan e intercambian de manera libre sus propios contenidos, herramientas y metodologías. Tíscar nos habló de profesores edupunk y edupop que trabajan por PBL (Project Based Learning y Problem Based Learning), docentes que transforman las asignaturas en proyectos viviendo la docencia como un desafío efervescente. 

Tras la comida, le llegó el turno al Taller de Conocimiento Rizomático diseñado por César quien en esta segunda parte del día, tuvo tiempo para contarnos algo más de su biografía http://prezi.com/cjxoqxhjornx/educacion-disruptiva/. Lo más interesante de su trabajo es que ilustra en la práctica todas las ideas de Tíscar y el decálogo completo de la #rEDUvolution: es un profesor in-prendedor, súper motivado y apasionado, que concibe cada curso como un proyecto donde sus estudiantes se sitúan al mismo nivel que él. Mediante la Ecogymcana pasando por Physics on the go o QR-elements, los usos de la tecnología en la docencia de César se vuelven vivos entendiendo la información como piezas, como cuando sus estudiantes deciden hacer un viaje y la guía de la ciudad a la que se dirigen la convierten en una aplicación creada por ellos mismos.   

El taller nos posibilitó aprender desde el formato, desde la arquitectura de transmisión diseñada por César en la que todos los participantes nos dividimos en grupos y transformamos en piezas más grandes las piezas pequeñas recogidas a lo largo de la sesión. Terminó el día con un debate generado a partir de las preguntas más votadas en el taller (¿Cómo afrontar la infoxicación?), así como con un escaparate de los vines realizados por Clara Megías, entendidos como un archivo de vídeos de seis segundos creados a través de la red social Vine.  


Como profesores, debemos de legitimar el corrillo, la plaza, empezar a trabajar por piezas y escribir con lápiz en vez de con boli (otra de las maravillosas metáforas de la sesión regalada por Tíscar), representar el conocimiento con un material que se pueda borrar, que de pie a la reinterpretación en vez de que con un material indeleble, permanente que solo posibilite la copia, el espejo, el examen y otros procesos bulímicos obsoletos. Gracias Antonio, Tíscar y César por contribuir desde el contenido y el formato, pero definitivamente desde vuestras vidas como docentes apasionados y felices a desarrollar acciones de formación del profesorado que nos empoderen como agentes de cambio. 


2014 #EVALUparty: haciendo del aprendizaje un placer y del examen una fiesta

Simplemente escuchar la palabra “examen” produce una serie de reacciones fisiológicas en mi organismo que soy incapaz de contralar: mareos, sudores fríos,  dolor de estómago... Los exámenes han formado parte inherente de mi vida como estudiante y han sido tan profundos los malos recuerdos que han suscitado en mi inconsciente que nunca jamás los he utilizado en mi roll como profesora. Desde el principio he intentado llevar a cabo prácticas evaluatorias lo más democráticas posibles y, sobre todas las cosas, he intentado descentrar la evaluación en el proceso. De manera que he representado el aprendizaje al que creo que han llegado mis estudiantes de diferente forma: con la visita de evaluadores externos, mediante grupos de discusión, a través de proyectos y, últimamente, gracias a la influencia de mi compañera de Pedagogías Invisibles, Lucía Sánchez, me he internado por los vericuetos de la Evaluación Creativa: perfomances, vídeos y tartas de manzana, han sido algunos de los dispositivos utilizados para representar el conocimiento creado.

Este curso en la UCM ha sido #rEDUvolucionario y los tres grupos de estudiantes, con los que he tenido el placer de compartir la asignatura, se han involucrado tanto que han desarrollado un papel absolutamente central en su propio proceso de evaluación, proceso formado por tres elementos: una herramienta boomerang, desde la que me han ofrecido su visión de la asignatura, un grupo de discusión, con el que ha salido a relucir cuestiones muy importantes del aprendizaje, y lo denominado por ellos como #EVALUparty, que consiste básicamente en una fiesta en la que hacía entrevistas semiestructuradas con cada uno de los estudiantes (utilizando la investigación cualitativa como alternativa a la calificación cuantitativa). Durante esta última herramienta fijábamos juntos la nota, esa nota que muy a pesar nuestro nos pide el sistema.

Llevando la #rEDUvolution a la práctica hemos introducido lo narrativo en estas entrevistas de manera que algunos de los entrevistados han acudido con diferentes sombreros (yo misma me he disfrazado de pájaro) e incluso hemos utilizado el tiempo que tarda una cerilla en apagarse para organizar nuestra conversación, como si aquello de lo que estábamos hablando fuese lo último que íbamos a decirnos...La verdad es que la #EVALUparty ha funcionado: nada de nervios, ni de ansiedad, ni de caras largas. Han sido entrevistas profundas y sentidas donde he tenido el placer de compartir con muchos de los estudiantes un tiempo individual, personal, de humor, de calor, un tiempo realmente vivido en vez de una farsa. El descentre, la investigación cualitativa, el proceso realizado a la inversa (el boomerang) y lo narrativo, han convertido la evaluación en algo muy diferente a como se concibe en la educación tradicional. Hemos revestido la nota de afectos, de sorpresa, de relax y hemos llegado a la conclusión numérica que nos impone el sistema como requisito terciario en vez de cómo centro. Fundamentalmente lo que hemos hecho ha sido reflexionar, hemos abierto en vez de cerrar, hemos impulsado la transformación y lo que vendrá después, en vez de intentar clausurar el aprendizaje con un broche imposible. Si evaluar debe de servir para algo, puede que sea para esto, para que nos paremos a pensar, para que hagamos conexiones, para que nos conozcamos mejor entre nosotros y a nosotros mismos.  
Pero, la fiesta del #EVALUparty es realmente la continuación de la celebración permanente del aprendizaje que ha tenido lugar este curso. El miércoles 15 de enero tuvimos la suerte de contar con el performer Abel Azcona como artista invitado en nuestra asignatura. Son varias las razones de la visita de Abel siendo la primera de ellas mi obsesión por pasar DE LA ISLA AL NODO y es que, en muchos casos existe una total desconexión de las instituciones educativas formales (y de muchas de las no formales), con respecto al mundo exterior a ellas. Gran parte de las escuelas y universidades viven de cara a su interior y los contenidos se distribuyen de forma aislada, sin conexión alguna con los sucesos, autores y contextos en los que se crearon. Para emigrar desde el paradigma de la institución educativa como isla a la institución como nodo, la rEDUvolution trabaja con lo que está ocurriendo en tiempo real fuera de las paredes el aula, pasando de lo abstracto a lo tangible, relacionando los contenidos con su contexto de producción.
Por esta razón, en mis asignaturas no solo emigramos del aula y nos vamos a ver arte contemporáneo o experiencias educativas interesantes a otros lugares, sino que también hacemos el proceso a la inversa, invitando agentes especiales a visitar nuestra aula, motivo por el que invité a Abel para que los estudiantes comprobaran de primera mano cómo funciona el proceso de legitimación profesional en el mundo del arte real. Este es un tema que nos cuesta aceptar y que quedó más claro porque en su figura están todas las claves: un artista muy joven (25 años), que utiliza las redes sociales como una herramienta de comunicación fundamental y completamente legitimado. Además hablamos de la importancia de la polémica en su obra, de sus temas comprometidos, como la prostitución profundamente imbricados en su biografía, de tal manera que muchos aspectos que quedaban difusos se tornaron claros con su presencia demostrando que es necesario pasar de los espacios de representación pedagógica a los espacios reales, táctiles, donde lo que ocurre en el aula es lo físico y no su sombra.

Para terminar un mes cargado de eventos, la sesión número #2 de la Escuela de Educación Disruptiva (22 de enero) contó con un tema también relacionado con el placer y por lo tanto vetado en lo educativo, los teléfonos móviles, dispositivos que seleccionamos como excusa para preguntarnos: ¿es la pedagogía un acto de contemplación o un acto de producción? En la segunda sesión de la EED contestamos a esta pregunta afirmando que la pedagogía es, estructuralmente, un acto de producción, un proceso donde la comunidad de aprendizaje (tanto profesores como estudiantes) construyen conocimiento. Reconocer la educación como un acto de producción intelectual resulta una necesidad básica para la educación del siglo XXI así como reconocer a profesores y estudiantes como productores culturales, y no solo como consumidores de información.

Este acto de producción queda en muchas ocasiones relegado a un segundo plano, ocultado por otras actividades con mayor visibilidad como la evaluación, la toma de apuntes, los deberes y otras acciones que identificamos como educativas pero que no conducen al aprendizaje significativo sino a lo que hemos llamado aprendizaje bulímico: tragar, memorizar, vomitar y olvidar. Para recuperar lo educativo como un suceso verdaderamente transformador debemos de, una vez más, romper con la idea de que aprender consiste en coger apuntes y estudiar (en el caso del estudiante) o seleccionar un libro de texto y hablar de él (en el caso del profesor) para reivindicar que la producción intelectual es el núcleo central del proceso aprendizaje, que sentir, analizar, razonar, debatir, imaginar, escribir, leer, jugar, gestionar o estructurar son, entre otras muchas acciones, actos de producción intelectual que constituyen la base de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. 
Durante la sesión, en primer lugar contamos con la participación de Tíscar Lara, Directora de Comunicación en la EOI, con quien conversamos sobre cómo ella misma abordó el reto de transformar su institución en el año 2009 mediante las tecnologías móviles y convertir “cualquier lugar en un aula” y además que ese aula fuese transparente, compartida, abierta de manera que cualquiera (no solo los alumnos de la EOI) pudiesen beneficiarse del conocimiento generado. Así la EOI se convirtió en un lugar #rEDUvolutionario donde lo importante era compartir y crear experiencias de aprendizaje personales, biográficas donde la tecnología (por ejemplo a través de la edición de blogs personales) no solo servía para gestionar sino para empoderar y desde donde prolongar las identidades físicas de los estudiantes a través de sus identidades digitales. Tras este recorrido histórico por su institución, Tíscar nos invitó a reflexionar sobre diferentes proyectos que, utilizando los dispositivos móviles como herramienta, están llevando la #rEDUvolution a la práctica, muchos de ellos desarrollados desde un grupo de profesores que trabajan en equipo desde el CRIF las Acacias de Madrid.
Desde el proyecto WAVES, donde se utilizan podcast realizados por los estudiantes para aprender, entre otras cosas, inglés, hasta Historias de la Historia donde se utiliza el programa Stop Motion para recrear y reflexionar sobre la arqueología pasando por la realización del proyecto Mapa de Ruidos, donde se concibe a los estudiantes como investigadores que han de utilizar sus dispositivos móviles para detectar los lugares con los índices de sonoridad más altos de su instituto, vemos muchas de las demandas de la rEDUvolution: visualidad y narratividad, la comunidad de aprendizaje como productores culturales que incluso dan nombre a sus proyectos y expectativa.
Lo experiencial cobró verdadera importancia en los dos últimos proyectos visualizados por Tíscar, Physics on the go y Filoatocha; en el primero diferentes grupos de estudiantes aprenden física en el Parque de Atracciones de Madrid midiendo a partir de sus teléfonos móviles las energías que se generan en las diferentes atracciones, mientras que Filoatocha, 200 estudiantes de bachillerato han creado un herbario del Parque del Retiro de Madrid en código abierto. Todos estos proyectos han sido largos, costosos, necesitan de mucha disciplina y organización, pero también están vinculados al placer, a prolongar el aprendizaje fuera del aula, a recuperar, a fin de cuentas, la pasión por aprender más allá de estudiar conectando las instituciones con la realidad exterior, pasando de la isla al nodo.
Después de la pausa para comer, contamos con la participación de Pedro Jiménez de Zemos98 colectivo cuyo objetivo es analizar la cultura audiovisual en la era de Internet. Con Pedro conversamos sobre una de los conceptos centrales de la Educación Disruptiva, la idea del profesor como DJ, metáfora elaborada a partir de las teorías del crítico de arte francés Nicolás Borriaud, quien identifica al artista contemporáneo como DJ. Llevándonos esta propuesta hasta la pedagogía, debatimos sobre la figura del profesor como DJ, es decir, como un productor cultural que selecciona temas y los ordena de forma personal creando diferentes playlist para cada sesión, para cada clase.
El recorrido al que Pedro nos invitó (http://www.slideshare.net/pedrojimenez/el-profesorcomodj-reduvolution)  estuvo lleno de su genio como DJ tanto en los contenidos como en la puesta en escena, ya que nos sorprendió sacándose de la chistera un sampler (un aparato lleno de botones) que utilizan los DJ para remezclar sonidos, desde el cual las voces de Rajoy o Alejandro Piscitelli contestaban de manera delirante cuando Pedro prefería estar callado. Comenzamos visualizando una secuencia de la serie The Wire en la que un adolescente reflexiona sobre la diferencia entre la necesidad de aprender a sumar para aprobar el examen y la necesidad de aprender a sumar para vender droga: en este segundo caso la realidad y el peligro cobran tal fuerza que sumar se relaciona con la supervivencia dejando de lado el simulacro y la bulimia. Continuamos utilizando diversas imágenes como escusas para repensar la tecnología y lo que significa desde diferentes contextos, como la maravillosa foto en la que aparentemente varios personajes fotografían un paisaje, cuando lo que está ocurriendo realmente es que es un grupo de inmigrantes que buscan cobertura para comunicarse con sus familias y dar fe de que han llegado su destino….
Continuamos adentrándonos en el concepto Educación Expandida desarrollado por Zemos98, tema muy presente en la #rEDUvolution, desde el que se plantea que la educación sucede en cualquier momento y en cualquier lugar, concepto que cuenta con una sería de recursos para saber más, como el documental La escuela expandida y el libro Educación Expandida. En ese preciso momento, la remezcla volvió a dar sus frutos cuando apareció en pantalla una frase de Pony Bravo “Se estudia y se aprende bien lo más difícil del mundo. Quise estudiar tu cariño y no lo pude comprender por eso ahora sufro y lloro como un niño...” Los guiños y la narratividad fruto de la multiplicidad de mensajes que usa el DJ se vieron en este caso completados con la música que resonaba en nuestras cabezas al tiempo que se volvía a hacer hincapié en la remezcla visual y la lucha política revestida de humor que se utiliza para construir MEMES o la capacidad de la nueva red social del momento VINE, donde a través de vídeos de seis segundos de duración nos convertimos en productores/remezcladores: magia barata que nos invita a repensar el roll del profesor como mago.
 La pesadilla del DJ, que nadie baile su música, que nadie la convierta en experiencia, es lo que ocurre día a día en las aulas con respecto a la playlist que selecciona el profesor: nadie hace suyos los contenidos que el docente selecciona, nadie los baila. Para bailarnos y hacerlos nuestros es imprescindible un proceso que se olvida de manera sistemática en lo educativo, la escucha activa: mediante la escucha activa el público del DJ se apropia de la música y esto es precisamente lo que ocurrió con el maravilloso taller diseñado por Adolf Murillo profesor de música en el IES Arabista Ribera de Carcaixent y profesor asociado en la Universidad de Valencia. Sería incongruente hablar de profesores y estudiantes como productores culturales y no empoderar a los participantes de esta sesión como tales. Esta es la razón por la que Adolf invitó a los asistentes a participar en la creación de diferentes piezas sonoras a partir de sus dispositivos móviles convirtiendo la segunda sesión de la Escuela de Educación Disruptiva en una potente orquesta del siglo XXI en la que muchas de las ideas debatidas en las conversaciones fueron llevadas a la práctica.

Placer, nodos, poder y DJ’s. Estos han sido los ejes de un mes denso y pastoso, lleno de transformaciones y  micro-revoluciones donde he aprendido que los exámenes, como la violencia, solo engendran más exámenes….Como profesores debemos ir más allá y demostrar en la práctica que otra forma de evaluar es posible, que debemos conectar con el exterior y utilizar la tecnología como medio para empoderarnos como productores culturales.