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2014 Los niños ya no van al campo, van al Alcampo: la comida como excusa para transformar la educación


¿Qué significa ser niña o niño hoy? Esta es la pregunta que nos hicimos en la sexta y última sesión de la #EED de este curso, en una jornada donde la comida fue la excusa para reflexionar sobre los modos de vida, las representaciones mediadas y las realidades que configuran la cultura infantil actual. Un grupo muy concreto de personas que, tras como nos adelantó nuestra primera invitada con una de sus geniales metáforas, ya no van al campo sino al Alcampo, de manera que la naturaleza ha dejado de ser un referente para serlo el centro comercial. Para debatir estos temas, en Comida para aprender, contamos con la participación de Heike Freire, experta en educación centrada en el papel, cada vez más relevante, de la naturaleza en la sociedad postindustrial y Elena Roura, responsable de los programas educativos de la Fundación Alicia (Alimentación+Ciencia), y con el taller Croquetas pedagógicas diseñado en este caso por Clara Megias.


La frase que da título al presente post condensa en sí misma las problemáticas de la infancia posmoderna, una infancia que constituye el 15% de la población en España y que disfruta de unas características recién adquiridas que articulan un estilo de vida muy específico y del que es difícil escapar. Entendiendo la cultura como el conjunto de representaciones que configuran la forma de entender el mundo de una sociedad determinada, McDonald’s se consolida como una fuente representacional muy potente (sobre la que poco puede articular, pongamos por caso, un plato de lentejas), Call of duty aparece como una realidad paralela al juego tradicional (donde el movimiento solo se lleva a cabo en la esfera de lo virtual) y Marina d’Or puede ser el lugar donde mayor contacto desarrolla un niño con la naturaleza (¿) en su entorno de vacaciones.


Partiendo de esta idea de cultura e infancia, en la primera conversación de la mañana reflexionamos sobre la realidad de que los niños y niñas contemporáneos están muy solos debido a la desarticulación de la familia tradicional (cada vez conocen menos a sus abuelos, tíos, primos…, y muy pocos de ellos tienen hermanos), pasan más del 76% de su día sentados o tumbados y sufren una tasa de enclaustramiento espectacular disfrutando más bien poco del tiempo al aire libre. Niñas y niños que han perdido la calle y que, como nos recordaba Heike, han perdido la manada, el ser compartidos con el resto de la tribu, por lo que permanecen mucho tiempo solos en casa con sus padres y madres sin contacto con otros agentes de su entorno. Niños y niñas que pocas veces se mueven en espacios intergeneracionales y donde la construcción del propio ser es enteramente distinta a la construcción del yo de la infancia de hace apenas 25 años.


Partiendo de la idea común de que la tecnología ha de servir para enriquecer la vida y no para empobrecerla, Heike reiteró que se debe combinar con experiencias reales profundas. En un mundo absolutamente tecnológico sería absurdo negar la tecnología pero, y este fue un tema central en la sesión, los niños viven cada vez más en un mundo de representaciones pero no debemos olvidar que dichas representaciones están siempre mediadas, por lo que resulta de suma importancia reflexionar sobre quién y para qué las media. Según Heike, ningún niño menor de doce años debería consumir representaciones tecnológicas más allá del tiempo de sus experiencias en su vida real. A partir de esta edad es otra cosa. Y es que hay tres elementos clave para el desarrollo físico e intelectual de un niño o niña menor de 12 años: los afectos, el movimiento y la comunidad, y es una realidad que la tecnología potencia la existencia de un niño quieto. Los niños contemporáneos  deben interactuar con la tecnología pero SIN PERDER EL CONTACTO DIRECTO CON LA VIDA REAL. Los niños contemporáneos puede que vayan al Alcampo, pero, por definición, deben ir al campo también y mucho… La tecnología ha de servir para enriquecer, pero nunca suplantar la realidad, el juego, el movimiento, el afecto directo con otras personas o el contacto con la naturaleza.


De la vida fuera de la escuela pasamos a analizar lo que pasa en un entorno en el que niños y niñas pasan ocho horas al día de lunes a viernes, nueve meses al año, y de cómo las escuelas deben ser transformadas en lugares para la vida, lugares donde desaparezca el stress (y aquí conectamos con la slow education) porque resulta común decir que un niño estresado no aprende. Si, tal como dijo Heike (y lo suscribo totalmente) somos sujetos de placer, hay que recuperar el placer también en la escuela, y en este sentido la comida cumple un rol fundamental, especialmente en los contextos educativos donde la tónica y los recuerdos de muchos conectan precisamente con lo contrario al placer. En este punto es donde Heike desarrolló los temas que domina en relación con la temática de la comida proponiendo varias alianzas, siendo su primera propuesta utilizar la comida para moverse ya que, al contrario de lo que muchos profesionales de la educación sostienen, se aprende mejor cuando nos movemos que cuando nos quedamos quietos y la comida en el aula puede ser una herramienta que provoca movimiento.


Esta propuesta conectó con la siguiente, la comida como herramienta para crear comunidad, una de las funciones que sostengo como más importantes de la comida en el contexto de una educación disruptiva. Cuando introduces la comida en el aula transformas la clase en una celebración en la que compartir fomenta el conocer, se produce el relax y la conexión, aparecen los afectos y se crea vínculo. En el proyecto ESTO NO ES UNA CLASE, el simple hecho de desayunar juntos cada mañana transformaba por completo el proceso de aprendizaje al entender la comida como juego, como elemento de gamificación y ya sabemos por otras sesiones que la generación de dopamina es la antesala del aprendizaje….


Tercera propuesta, la comida puede utilizarse también como herramienta para trabajar el poder, sobre todo para empoderar a los estudiantes como participantes cuando les dejamos cocinar, ese extraño proceso que parece que solo puede ser realizado por un adulto. Cuando empoderamos a los niños como productores culturales y les dejamos tanto cultivar como cocinar (en el caso de dejarles cultivar, cumplen un rol fundamental los huertos escolares que además son una herramienta clave para entender el concepto de proceso a largo plazo), estamos siendo profundamente disruptivos y estamos dejando de lado lugares comunes, al mismo tiempo que no dejamos usar a los niños y niñas cuchillos o encender un fuego para trabajar los beneficios de lo que espontáneamente llamamos pedagogía del riesgo, un riesgo que impide que puedan entrar en las cocinas de las escuelas, algo que todavía no he entendido muy bien por qué sucede. La comida se transforma entonces en una herramienta para la sorpresa y la responsabilidad.Heike también propuso la comida como herramienta para la transdisciplinaridad, para potenciar la creatividad, para entenderse (identidad y cultura local), para conectar con la realidad, con lo táctil, con aquellos sentidos que las pantallas no tienen, terminando su discurso dejando caer la idea de la comida para maravillarte, como elemento espiritual.


En la segunda conversación tuvimos el placer de compartir con Elena Roura, responsable de los Programas Educativos de la Fundación Alicia, un centro de investigación ubicado en Sant Fruitós de Bages (Barcelona) cuya meta no es únicamente investigar sobre la nutrición en sí, sino sobre cómo se cocinan los alimentos y, sobre todo, cómo los comemos. La Fundación Alicia nos invita a preguntarnos ¿cómo podemos tener tanta información sobre la comida y comer tan mal al mismo tiempo? Para intentar contestarla se rodean de antropólogos, historiadores y artistas que reflexionan junto a cocineros y endocrinos sobre temas como el enorme problema del desperdicio alimentario, la instalación de cocinas pedagógicas, las fobias relacionadas con los alimentos teniendo como principal objetivo la transformación social.


Como no podía ser de otra manera, a la Fundación Alicia le interesa mucho la educación, en concreto la relacionada con el tema de la obesidad, que en nuestro país está llegando al 28% de niños y niñas entre los 2 y los 17 años en una sociedad que, conectando con lo que nos decía Heike, es sedentaria en un 42% de los casos. Por estas razones, la Fundación Alicia ha desarrollado una pirámide de trabajo dividida en cuatro temas:

Qué comemos
Cómo lo cocinamos
Cómo lo comemos
La importancia del movimiento

Dentro de esta pirámide, el tema más importante a mi juicio es cómo comemos lo que comemos ya que la idea de celebración y de vínculo cultural que se crea a través de la comida es fundamental y cómo a través de estas comidas grupales, y muchas veces intergeneracionales, se crean modelos identitarios y de poder que pueden ser más o menos democráticos. Elena nos comentó cómo para trabajar esta pirámide en las escuelas han desarrollado el programa TAS (Tú y Alicia por la Salud) específico para comunidades que trabajan en la educación secundaria, que nace a partir de la idea de que si los adolescentes se implican en el diseño de soluciones para comer mejor desde la escuela, les será más fácil interiorizarlas y llevarlas a cabo en su vida adulta y serán un modelo a seguir para el resto de compañeros y para los más pequeños. Es por lo tanto un proyecto intergeneracional de mentorización alimenticia que se basa en un concepto muy interesante como el que la mayoría de nosotros somos kitchen orphans, (que se podría traducir literalmente como huérfanos de cocina y si lo hacemos de una manera más literaria, podría ser algo así como “ignorantes culinarios”), término que nace de la realidad social de que la mayoría de la población no sabe cocinar porque cada vez se cocina menos en los hogares y hemos perdido por lo tanto el referente de hacerlo. Para solucionar este problema de imaginario, la escuela debería incorporar como contenido básico competencias relacionadas con la cocina de manera que los “ignorantes culinarios” sean capaces de aprender a cocinar desde un ámbito que no sea el doméstico. 

Me parece muy disruptiva y a la vez muy de sentido común esta idea: si algo tan importante como alimentarte y cocinar ya no se aprende en casa, la escuela ha de coger el testigo y afianzar estos aprendizajes. Desde mi punto de vista (y sospecho que muchos de los que estábamos presentes en la sesión pensamos lo mismo) en el siglo XXI quizá sea más importante aprender a cocinar que aprenderse la lista de los Reyes Godos por lo que, una vez más, tal como hicimos con la fotografía, el humor o los teléfonos móviles, desde la #EED reivindicamos la idea de que otro tipo de currículum es necesario.


Por último, en el taller Croquetas Pedagógicas pusimos en práctica todo lo aprendido en las conversaciones de la mañana, de manera que Clara Megías apareció con una bandeja llena de sugerencias que consiguieron que se compartiesen comida y conocimiento con microacciones que tuvieron que realizar los participantes (entre ellos podíamos encontrar mensajes del tipo “Busca a alguien mayor que tú y pregúntale cuál es la especialidad culinaria de su familia” o “Busca a alguien más joven que tú y pregúntale si sabe cuáles son las frutas y verdura de temporada”).


La comida como excusa para repensar la educación es, como todos los temas que hemos tratado, un motivo para romper con el pasado, para romper con un modelo que NO nos representa. Necesitamos vincular la educación con el placer, con la celebración, con el movimiento, con la tecnología, con la realidad y a la vez con la manada y el riesgo, debemos dejar que niños y niñas jueguen con fuego, se reconozcan como productores de comida y no solo como consumidores,  que se relajen los tiempos y se cultive en los centros educativos, entre otras cosas para que aprendamos la importancia que tiene darle tiempo al proceso. Necesitamos aprender a cocinar, y si en casa es imposible, pues aprendamos en la escuela y, sobre todas estas cosas, necesitamos ser felices, lo que es mucho más probable que suceda en el campo que en "Alcampo".


¡¡¡Buen provecho!!!

2014 Del fragmento a la pieza: redes sociales, conocimiento rizomático y la necesidad de escribir con lápiz



En el año 2011 Alejandro Piscitelli (sí, él una vez más) se quedó estupefacto cuando nos conocimos y supo que la única tecnología de que disponía para conectarme con el mundo exterior era mi correo electrónico. Por entonces yo no tenía Facebook, ni Twitter, ni por supuesto se me ocurría escribir un blog. Cuando Alejandro se enteró de estas ausencias, me miró fijamente y me dijo: “La suerte solo llama a quienes están conectados”, así que desde esa misma tarde me creé mi perfil de FB, mi cuenta de Twitter y un poco más tarde abrí mariaacaso.es
   
Las redes sociales entraron en mi vida profesional y cambiaron muchas cosas, de las que la más importante era, sin lugar a dudas, que mis estudiantes y yo éramos más listos y aprendíamos más. Esto ocurría porque dichas redes introducían una serie de cambios sustanciales en nuestro aprendizaje, siendo el primero de ellos que dichas redes potenciaban un tipo de aprendizaje menos jerárquico ya que su propia estructura rizomática, sin centro definido, desestructuraba la transmisión lineal y vertical. Resultaba que, gracias a la información que la comunidad de aprendizaje subía a FB, yo aprendía un montón de los alumnos, los alumnos entre ellos y todos nosotros de personas que no conocíamos y cuya información remezclábamos. Además, era especialmente rico el conocimiento que generábamos a través de contenidos considerados como no académicos (vídeo clip, series y todo aquello incluido dentro del concepto de baja cultura) y que además llegaba hasta nosotros desde formatos audiovisuales.  

Otra de las grandes ventajas que posibilitó esta incorporación fue la rotura espacio temporal: de repente podíamos aprender en todas partes y a cualquier hora. El aula se expandía redefiniendo el concepto lugar y el concepto tiempo y, fundamentalmente gracias a Twitter, compartíamos lo que estaba pasando dentro de las cuatro paredes con aquellas y aquellos que estaban en el exterior anulando la privacidad de la matrícula. Y además, resultaba que nos divertíamos más: las redes sociales hacían que nos conociésemos, paradójicamente, de manera más profunda, que lo biográfico se colase en la experiencia y que los afectos y el humor fuesen una constante en nuestros contactos, tanto virtuales como presenciales.   


Todos estos temas son los que trabajamos el pasado sábado 22 de Febrero en la sesión número tres de la Escuela de Educación Disruptiva de Fundación Telefónica, que, tal y como ocurrió con la sesión anterior y el uso de los dispositivos móviles como herramientas de producción, versó sobre herramientas que tienen vetado su uso en el aula y al mismo tiempo desarrollan una presencia cada vez mayor en el mundo exterior. Nuestro interés era debatir cómo el uso de Twitter, FB, Linkedin, Tuenti, blogs, wikis, Delicious, Pinterest, Vine, pueden transformar el aula en un lugar más democrático, más visual, expandido y más emocionante. Para ello contamos con tres profesionales de la educación apasionados de la rEDUvolution y de las posibilidades de cambiar el formato, entre otras cosas, a través de las redes sociales.  


El primero de ellos fue César Poyatos que, como él mismo aclaró al principio de su participación, trabaja en el Planeta ESO. Tras la breve presentación de apertura de la sesión, César explicó a la audiencia cómo había diseñado una serie de detonantes (agitadores mentales diseñados por David Perkins del Proyecto Zero) para que se desarrollasen a lo largo de la sesión. El primero de ellos tenía por nombre “Tres dos uno puente” y consiste en una dinámica en la que hay que pensar tres ideas, dos preguntas y una imagen que compartes con quienes tienes al lado…. 


Tras este primer detonante comenzó la charla de Antonio Rodríguez de las Heras (www.ardelash.es) catedrático de Cultura Digital en la Universidad Carlos III de Madrid y uno de los comunicadores más maravillosos que he tenido la suerte de disfrutar en mi vida. Antonio, como no podía ser de otra manera, comenzó con una metáfora de inicio que sacudió nuestras cabezas: la megalópolis, un lugar donde los habitantes derriban los edificios para crear plazas en las que relacionarse de una manera diferente: creando corrillos. La plaza que describía Antonio era una plaza llena de rumores y sin atriles ni púlpitos, una plaza donde la clave es la circularidad de los corrillos, su flujo horizontal, el placer de la charla. Son círculos pequeños que animan al trasiego: la gente entra, se va a otro corillo, vuelve mientras la comunicación fluye.  

Las redes sociales son, según Antonio, los lugares desde donde estamos reinterpretando la oralidad contemporánea, donde estamos dando nuevos usos a la información de carácter efímero ya que actuamos en ellas de la misma manera que como actuamos cuando hablamos. Son lugares donde lo fundamental es retuitear, que haya eco, donde el sentido se logra cuando repetimos y donde esa reapropiación, por parte de los demás de la información generada por uno mismo, se entiende como un éxito y no como un plagio. 

De la plaza, Antonio continuó hasta la pieza, desarrollando otra metáfora maravillosa al poetizar sobre la diferencia que existe entre el fragmento y la pieza: mientras que los fragmentos son trozos de información que solo se pueden recomponer hasta volver a montar una estructura dada, las piezas son pedazos que pueden dan lugar a una estructura nueva. Mientras que quien trabaja por fragmentos tiene en mente la imposibilidad de que se genere información distinta a la suya, quien trabaja por piezas lo que quiere es que los receptores sean capaces de transformar dicha información en otra diferente. De manera muy similar a como comentan Deleuze y Guattari, la pieza no tiene “general”: 

“El rizoma procede por variación, expansión, conquista, captura, inyección. Contrariamente al grafismo, al dibujo o a la fotografía, contrariamente a los calcos, el rizoma está relacionado con un mapa que debe de ser producido, construido, siempre desmontable, conectable, alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas, con sus líneas de fuga. Contrariamente a los sistemas centrados (incluso policentrados) de comunicación jerárquica y de uniones preestablecidas, el rizoma es un sistema acentrado, no jerárquico y no significante, sin General, sin memoria organizadora o autómata central, definido únicamente por una circulación de estados” (Deleuze y Guattari, 2008:49). 



Mientras que la educación tradicional, fuertemente anclada en el paradigma del texto escrito y del examen, trabaja con la idea de fragmento, como si la información fuese una adivinanza que tiene que recomponer el estudiante, en la educación disruptiva trabajamos desde de la idea de pieza a partir de la cual creamos piezas más grandes. El fragmento implica una condena, la imposibilidad de recombinar. Quien trabaja por fragmentos desea un reflejo de su discurso; quien trabaja por piezas lo que desea no es solo la reapropiación de su discurso, sino la transformación de su discurso en el discurso del otro, con toda la riqueza de la singularidad, la creatividad y la remezcla que este proceso conlleva. 


Tras la participación de Antonio y el segundo detonante diseñado por César, llegó Tíscar Lara (http://www.slideshare.net/tiscar/educacin-disruptiva-y-redes-sociales) para establecer una nueva metáfora y edificar las conexiones entre las redes digitales y las redes humanas. Comenzó conectando las redes sociales con el concepto intraemprendimiento y la figura del docente in-prendedor, ese docente que, en vez de quejarse, hackea el aula y miente al inspector, genera sus propios materiales y se entiende como coach, DJ y community manager. Tíscar hizo hincapié en uno de los problemas educativos más graves de entre los que nos rodean, la ausencia de formación del profesorado válida para estos docentes que quieren hacer la #rEDUvolution y cómo entonces, muchos de ellos crean redes de conocimiento no institucionales y se agrupan en organizaciones como AULAblog, desde donde generan e intercambian de manera libre sus propios contenidos, herramientas y metodologías. Tíscar nos habló de profesores edupunk y edupop que trabajan por PBL (Project Based Learning y Problem Based Learning), docentes que transforman las asignaturas en proyectos viviendo la docencia como un desafío efervescente. 

Tras la comida, le llegó el turno al Taller de Conocimiento Rizomático diseñado por César quien en esta segunda parte del día, tuvo tiempo para contarnos algo más de su biografía http://prezi.com/cjxoqxhjornx/educacion-disruptiva/. Lo más interesante de su trabajo es que ilustra en la práctica todas las ideas de Tíscar y el decálogo completo de la #rEDUvolution: es un profesor in-prendedor, súper motivado y apasionado, que concibe cada curso como un proyecto donde sus estudiantes se sitúan al mismo nivel que él. Mediante la Ecogymcana pasando por Physics on the go o QR-elements, los usos de la tecnología en la docencia de César se vuelven vivos entendiendo la información como piezas, como cuando sus estudiantes deciden hacer un viaje y la guía de la ciudad a la que se dirigen la convierten en una aplicación creada por ellos mismos.   

El taller nos posibilitó aprender desde el formato, desde la arquitectura de transmisión diseñada por César en la que todos los participantes nos dividimos en grupos y transformamos en piezas más grandes las piezas pequeñas recogidas a lo largo de la sesión. Terminó el día con un debate generado a partir de las preguntas más votadas en el taller (¿Cómo afrontar la infoxicación?), así como con un escaparate de los vines realizados por Clara Megías, entendidos como un archivo de vídeos de seis segundos creados a través de la red social Vine.  


Como profesores, debemos de legitimar el corrillo, la plaza, empezar a trabajar por piezas y escribir con lápiz en vez de con boli (otra de las maravillosas metáforas de la sesión regalada por Tíscar), representar el conocimiento con un material que se pueda borrar, que de pie a la reinterpretación en vez de que con un material indeleble, permanente que solo posibilite la copia, el espejo, el examen y otros procesos bulímicos obsoletos. Gracias Antonio, Tíscar y César por contribuir desde el contenido y el formato, pero definitivamente desde vuestras vidas como docentes apasionados y felices a desarrollar acciones de formación del profesorado que nos empoderen como agentes de cambio. 


2013 Miente, empodera y dibuja: de cómo la fotografía, la ópera y los relatogramas deben ser recuperados para la pedagogía




«A menudo incluso los estafadores no son ni mucho menos conscientes de serlo; a menudo se estafa con la más beatífica voluntad en numerosos ámbitos por los que discurre nuestra vida: en la familia, en el colegio, en la iglesia, en el trabajo, en el sindicato, en los media… Porque estafar significa decidir por los demás, esconder la diversidad de opciones de que se dispone»
Joan Fontcuberta. El beso de Judas

El pasado sábado 14 de Diciembre uno de mis sueños como educadora se hizo realidad: compartir apenas tres horas de mi vida con Joan Fontcuberta, mano a mano, de tú a tú, tan enfrente y tan tangible que quedaba claro que, quizás solo en este caso, Fontcuberta no era una representación visual, sino una realidad de carne y hueso. La primera sesión de la Escuela de Educación Disruptiva no pudo empezar mejor, porque invitar a un artista para hablar de pedagogía es un acto brusco, rompedor e inusual, y al mismo tiempo necesario, porque hoy es el día en el que debemos darnos cuenta de que la pedagogía es una ciencia demasiado cerrada en si misma, demasiado opaca, por lo que es el momento de engarzarla con otros saberes tan mestizos y tan poco científicos como la fotografía, la ópera o la relatoría gráfica.

Alicia Carabias
Tras la presentación general a cargo de la responsable de la escuela en Fundación Telefónica, Alicia Carabias y mi explicación de cómo y por qué esta escuela es necesaria (lo que podréis ver de nuevo en breve en la web de la #EED). Defendí cómo nuestra preocupación principal consiste en visualizar la necesidad de llevar la #rEDUvolution a la práctica tanto desde el contenido como desde el formato, por lo que pasé a presentar a Carla Boserman experta en la creación de #relatogramas quien explicó a los asistentes qué hacer con el maravilloso kit que nos habían entregado: teníamos que activar la mirada y desplegar estrategias para iniciarse en el mundo de la documentación y relatoría gráfica a través del dibujo de manera participativa.

Joan empezó a contarnos su evolución biográfica y cómo desde la publicidad emigró a las artes visuales hasta configurar su misión actual como francotirador y como expendedor de vacunas para que el espectador se replantee sus relaciones con los mensajes que nos llegan a través del lenguaje visual. Citó a Bill Gates (quien recientemente ha dicho algo así como que quien quiera controlar los espíritus que controle las imágenes) evidenciando la ya perversa importancia de lo visual en un mundo en el que tenemos tantas fotos que no tenemos tiempo de mirarlas. Explicó varios de sus últimos proyectos y su constatación de que hoy la fotografía se utiliza no para representar la realidad sino para inscribirse en el suceso, para dejar una marca biográfica.

Joan Fontcuberta
Cada palabra, cada término que Joan emitía yo me lo llevaba a la pedagogía de manera que las relaciones entre fotografía y verdad las transformaba en las relaciones entre pedagogía y verdad y al desmitificar la fotografía como documento y posicionarla  como ficción, yo no paraba de pensar en que exactamente lo mismo ocurre en la pedagogía y que si reconocemos el inconsciente como parte inherente del proceso de aprendizaje debemos de aceptar que, como profesores, producimos verdades provisionales o verdades subjetivas.

Tras las diferencias entre pedagogía y verdad debatimos sobre la necesidad de sospechar, la necesidad de ahondar en las pedagogías invisibles, no solo de las imágenes (que por supuesto), sino de los actos pedagógicos y visibilizar como meta principal de una educación disruptiva el desarrollo del hábito de sospecha ante lo que pretenden enseñarnos (si somos estudiantes) y lo que enseñamos (si somos profesores) en la misma línea que Fontcuberta recomienda sospechar de la fotografía. Del artista como estafador emigramos a la idea del profesor como estafador y conversamos sobre la urgencia de repensar el imaginario obsoleto del docente como depositario de la verdad absoluta preguntándonos por qué todo aquello que se enmarca dentro de un dispositivo educativo queda inmediatamente considerado como cierto (conectando este proceso con lo que Roland Barthes en la semiótica denomina efecto realidad) lo que nos llevó a conectar la falsificación como estrategia intelectual en la pedagogía. Fue un verdadero placer hacer esta transposición, remezcla o intercambio y paladear en lo pedagógico términos como falsificar, mentir, enmascarar, términos que raramente se relacionan con lo educativo pero que están completamente relacionados con la pedagogía. Tras la conversación con Joan pasamos al almuerzo, dispositivo de trabajo importantísimo dentro de la #EED porque comer juntos significa hacer comunidad de manera que el arroz con pasas y el pollo a la mostaza se convirtió (como veremos en la sesión Comida para aprender) en un vínculo posibilitador del conocimiento de forma tan poderosa y certera como cuando estamos sentados en las butacas escuchando y dibujando. 

Pedro Sarmiento
Por la tarde la ópera ocupó el papel de la fotografía. Pedro Sarmiento es el coordinador en España del proyecto LOVA (La Ópera como Vehículo de Aprendizaje), que es en sí mismo un compendio de todas las máximas de la educación disruptiva, y uno de los pocos ejemplos de la Metodología de Trabajo por Proyectos en la educación artística mediante el que el profesor o profesora ceden gran parte de su poder a sus estudiantes al empoderar una clase y convertirla en una compañía de ópera. Si con Joan el placer consistió en evidenciar que la fotografía y la pedagogía comparten problemas, con Pedro el placer residió en no contemplar la #rEDUvolution como posibilidad sino como certeza: 100 compañías de ópera dan fe de que somos muchos los docentes que estamos llevando a la práctica una educación diferente que a pesar de las trabas que las instituciones inventan, a pesar de la incredulidad de los compañeros, a pesar de la suspicacia de algunos padres, del tiempo que tenemos que sacar de lugares imposibles, del cansancio y del desánimo, no nos dejamos amedrentar por el miedo y transformamos nuestras prácticas a pesar de todo. LOVA, entre muchas otras cosas, es uno de los pocos ejemplos visibles (por que invisibles hay muchos) de cómo otras metodologías de enseñanza son posibles y cómo el aprendizaje de repente sucede haciendo justo lo contrario de lo que la pedagogía tradicional recomienda.  

Tras el esclarecedor resumen que Pedro hizo de la evolución histórica del proyecto, empezamos por conectar el proyecto con el tema de la distribución del poder ya que LOVA es un pleno ejercicio de pedagogía democrática donde las dinámicas se invierten, creando una verdadera comunidad de pares donde el profesor se vuelve invisible y da la clase con la boca cerrada. En segundo lugar Pedro nos contó cómo LOVA consigue emigrar de la clase a la reunión habitando el aula e invirtiendo los tiempos ansiosos en tiempos slow mediante un proyecto que se desarrolla durante los nueve meses del año escolar, reconociendo la urgente necesidad de darle tiempo al proceso.

Analizados el poder y el cuerpo, conversamos sobre cómo LOVA definitivamente rompe con la educación bulímica y el simulacro pedagógico al entender el acto educativo como una experiencia transformadora en todos los sentidos. Pedro nos explicó cómo todas y cada una de las necesidades que demanda la Educación Disruptiva (la incorporación de la sorpresa y lo inesperado, lo audiovisual y las dinámicas de campamento), son recursos pedagógicos que se utilizan en LOVA dejando claro que aprender tiene poco que ver con estudiar y que hacer es mucho más interesante que memorizar. Por último analizamos el espinoso tema de la evaluación, tomado como ejemplo cómo se resuelve este problema en LOVA donde la calificación está descentrada, se lleva a cabo de forma creativa y se transforma en investigación.

Clara Megías
Tras la ronda de preguntas de la tarde, Clara Megías elaboró un resumen de la jornada, comentando la participación por streaming y a través de Twitter y visualizando cómo desde las 11 de la mañana los participantes habían registrado visualmente las ideas que creaban tanto colectiva como individualmente, al tiempo que se comentaban las ventajas e inconvenientes de estar escuchando y dibujando a la vez. 

Carla Boserman
La fotografía, la ópera y los relatogramas se fusionaron en una jornada en la que quedaron claras tres cosas: que la pedagogía debe de hibridarse con otras disciplinas, que la #rEDUvolution ya se está llevando a la práctica y que la información textual debe completarse con la visual a la hora de generar archivos. Una escuela como está solo tiene sentido como detonadora de cambios que hay que ejecutar: miente, empodera y dibuja y el aprendizaje sucederá.