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2013 El museo rizomatico neoyorkino: creando encuentros biográficos de conocimiento transoceánico


Entre NY, Barcelona y Madrid hay toda una masa de océano que nos separa. Pero si esa masa la consideramos en vez de cómo una barrera como un flujo conector podemos transformar la ausencia en una serie de encuentros. Utilizando la ciudad de NY como metáfora, a las personas involucradas en esta semana de mi vida como agentes creadores y a los eventos sucedidos como las piezas, nace el Museo Rizomático Neoyorkino. Un museo que es una ciudad entendida como un contexto de producción de significado personal, un lugar que facilita experiencias a través de las cuales se generen conexiones con la vida y que acoge sistemas de participación introduciendo lo personal como una alternativa a lo hegemónico. 

El Museo Rizomático Neoyorkino (MRN) es una experiencia que empieza en el año 2010 cuando vine Nueva York para impartir en el New School for Social Research la charla Visual terrorism: narratin fears of body, class and cultural difference y que no documenté en este blog por que sencillamente no existía. Esa semana la compartí con Elizabeth Ellsworth, autora del libro Teaching Positons (traducido de forma realmente impecable por Laura Trafí-Prats, profesora de Educación Artística en la Universidad de Milwaukee) y con Dipti Desai, especialista de nuestra área de estudio en la NYU y quien nos llevó a Clara Megías y a mí a diferentes lugares de la ciudad y nos presentó iniciativas  como www.rethinkingschools.org.
Han pasado tres años y en esta visita resulta que en NY se encuentran trabajando varias de las profesionales que investigan alrededor de la educación artística en museos y con las que la red de afectos más que profunda. La primera de ellas es Andrea de Pascual, que se encuentra cursando el Master En Educación Artística de la NYU y cuyo proyecto de investigación doctoral se centra en el desafío que tienen en estos momentos los museos de artes visuales para resituar al público al mismo nivel de producción intelectual que los artistas. Todo su trabajo se puede encapsular dentro de lo que ella misma define como el museo rizomático y que se basa en la idea deleuziana de la producción no jerárquica del conocimiento. Sara Torres es la segunda investigadora (con la que tengo el placer de compartir mi trabajo en la UCM) y cuyo interés se centra en el archivo como sistema de visualización de los departamentos de educación en los museos de artes visuales. Y la tercera es Magali Kivatinezt quien en estos momentos es Latino Cultural Program Consultant en el Brooklyn Museum of Art y quien investiga entorno a los programas que los museos están diseñando específicamente para esta comunidad en EEUU. Estando ya presentadas las agentes productoras de conocimiento y el contexto de producción, falta por explicar las piezas del MRN que han sido tres encuentros: una charla, una cena y varias visitas a museos.

La charla ha tenido lugar en la NYU con el nombre We are teachers. We are artista. Rethinking education as a cultural production que llevé a cabo con la colaboración de Andrea y Sara. Ha constituido un evento en el que hemos querido visualizar una vez más los problemas de las jerarquías en el mundo de la educación artística en el que las expectativas entre ser profesor o artista entran en conflicto situándose claramente una por encima de la otra. Este es un problema especialmente grave en las facultades de Bellas Artes donde la opción de ser profesor se entiende como una necesidad en vez de cómo un deseo de manera que se atribuyen a la función profesoral cantidad de valores peyorativos con respecto a los de los artistas, atribuciones que necesitamos desestabilizar. Reivindicando la figura profesoral dentro del concepto de intelectual transformativo, agente con una potencia transformadora más directa que la de otros productores, el seminario comenzó con la rotura de formatos mediante el perfomance en la que las asistentes tuvieron que elegir entre ser artistas y ser educadoras ante la atenta mirada de un falso Picasso.  La charla se prolongó con la cena que ofreció la NYU en la que estuvimos hablando de las enormes diferencias del sistema educativo estadounidense y el español y la obsesión del primero por la medición estandarizada.

El sábado 13 tuvo lugar la Regenerative Dinner, el encuentro en la que por fin se conocieron autora y traductora, Elizabeth y Laura, y a la que asistimos el resto de agentes del Museo Rizomático Neoyorkino. Fue un evento cargado de conocimiento descentralizado por que ya sabemos que en la reunión se generan mas sinergias que en las clases. Las conversaciones fluyeron desde los feminismos hasta los toros, pasando sobre todo por la rEDUvolution y como todas las asistentes estamos realmente preocupadas en acometer en cambio de paradigma ya sea desde la universidad, desde los museos o desde las propias prácticas artísticas (Elizabeth y Jamie Kruse han constituido el colectivo Smug Studio desde donde producen obras y publicaciones como la que se puede descargar desde http://punctumbooks.com/titles/making-the-geologic-now/) Entendiendo las cenas como piezas de museo de nuevo lo personal se hace político mediante conversaciones en las que las fronteras se difuminan.
Y para terminar, los encuentros con otros artistas se establecieron a través de sus obras y mi biografía en el MOMA, el Brooklyn Museum, y el PS1. La primera pieza que me inspiró fue la acción de Tilda Swinton The Maybe mediante la que pasa ocho horas al día metida en una vitrina en un lugar y un día inesperado. ¿Que pedagogía se esconde detrás de una mujer viva en una vitrina? ¿Qué realidades puedo conectar desde mi biografía con esta acción que resitúa lo real al mismo nivel que lo hiperreal, el cuerpo imperfecto de la artista con el cuerpo imperfecto del público que hay fuera? La pieza de Duglas Gordon Play Dead Real Time nos invitó a participar y formar parte de la obra cuando nuestras sombras se colaron y le hicieron cosquillas al elefante enlazando lo de dentro con lo de afuera y cuestionando la autoría.
Al día siguiente, nuestros pasos nos llevaron al Brooklyn Museum para conocer la obra del artista nigeriano Anatsui quien nos introdujo en las complejas relaciones entre los detritus occidentales (los nuestros) y el reciclaje en Nigeria mediante unas piezas altamente retóricas que nos invitaron a reflexionar entre las antístesis de las texturas de las chapas de botellas que relumbran como el oro.
Y la visita no puedo terminar mejor que viendo en directo una de mis piezas favoritas The Dinner Party de Judith Chicago que representa de forma tan personal como si la hubiese hecho yo la resignificación de las mujeres en la historia occidental. Para terminar, en el PS1 James Turrel  hizo realidad  con Meeting la posibilidad de contemplar el cielo desde una perspectiva estética en vez de meteorológica.

Enlazar, comer, reprogramar, ir al parque, meterse en una vitrina o recomendar constituyen los encuentros que han popiciado que mi relato y el de todas las personas con las que me he relacionado estos 10 días hayan colisionado. Encuentros porosos que van más allá del espacio y del tiempo y que generan museos pequeños, preciosos y efímeros: 

los museos de mi biografía.  

2013: Eliminando el simulacro: de las asignaturas como temas de estudio a las asignaturas como marcos de acción


Hay pocas veces en la vida en las que encuentras justo lo que estabas buscando y esta semana parece que ha sido una de ellas. María, una de las estudiantes con las que he compartido asignatura el cuatrimestre pasado, dejo en mi muro de Facebook una de las TEDtalks incluidas dentro de la categoría Re-imagining school, doce charlas en la que los conferenciantes hablan sobre como llevar a la práctica la revolución educativa.
Edifico de Artes de la Universidad de Maine
Una de las speakers es Liz Coleman, directora de Bennington College uno de los Liberal Art Colleges (LACS) más importantes de los EEUU y quien precisamente aborda en la charla cómo los valores en los que los LACS fueron fundados han desaparecido de estas instituciones en la actualidad. Liz Colemman explica de manera impecable como repensar la posición educativa que sustentaba su institución, la llevó a cambiar por completo la organización y las metodologías del centro así como la recuperación del pensamiento crítico como una de las características centrales de la enseñanza. De entre todo su discurso, una frase emergió como una flecha hasta mi cerebro cuando Coleman explica que una de las transformaciones que acometieron en Bennington fue la de dejar de considerar las asignaturas como temas de estudio para pasar a entenderlas como marcos de acción. Esta frase representa de manera maravillosa lo que para mi significa aprender: aprender no consiste en estudiar para aprobar un examen, aprender significa generar conocimiento para transformar la realidad, para actuar, para evolucionar, para desencajar, para oscilar. Creo que esta frase explicita a la perfección lo que significa pasar del simulacro a la experiencia, una experiencia que no tiene sentido sin repercusión social ya que el aprendizaje tiene que servir para algo, tiene que anclarse en el exterior y cambiar de alguna manera las desventajas políticas que nos rodean.


Justo después de escuchar la maravillosa charla de Coleman, ayer participé en la reunión anual de los educadores de arte de la región de Maine que tuvo lugar en Universidad de Maine en Orono, coordinada por Laurie Hiks, una de las profesionales de Norte América que más se acerca a mi visión posmodera de la educación artística, especialmente preocupada en problemas de género y directora de la revista más prestigiosa del sector Studies in Art Education.
Interior edificio Artes Universidad de Maine
Además de la conferencia de Kerry Frieedman: Visual culture and learning comunities, tuve la oportunidad de asistir al taller New spaces of pedagogical possibility impartido por Kelly Hrenko profesora de la University of Southern Maine en colaboración con la artista visual Mihku Paul ambas preocupadas en como transformar el currículum y conseguir que el arte de los nativos americanos se contemple en el aula como parte de la cultura visual contemporánea para niños y jóvenes.
Kelly Hrenko y Mihku Paul 
La integración de los nativos americanos en el sistema escolar formal es uno de los problemas mas controvertidos dentro de la sociedad estadounidense y especialmente de los estados en los que existen reservas como es el caso de Maine. Y es un problema que además de controvertido es invisible por que a nadie le preocupa la educación de esta parte de la población que no hace sino recordar a los actuales pobladores los terribles sabores de la colonización siendo mejor mirar a otro lado para que el espejo no refleje la imagen de un genocidio lavado por John Wayne. Pero resulta que profesionales de la educación artística como Hrenko y Paul se enfrentan al problema desde la educación llevando a práctica la frase de Coleman, dejando de considerar las asignaturas como temas de estudio para acometerlas como marcos de acción, en este caso de profunda acción política.
Con Laurie Hiks  (en el centro)y el equipo de organizadoras del evento
El proyecto que han llevado a cabo en la reserva de Anishinabe en Minnessota, pretende reconectar nociones como espacio, cultura e identidad desarrollando acciones en las que todos los estudiantes experimentan la cultura Ojibwe como parte de su contexto cotidiano. En una segunda etapa, el proyecto tuvo lugar con la nación Wabanaki a través de la resignificación del paisaje y la idea de que la topografía puede entenderse como portadora de significado en un intento por demostrar que las artes visuales de los nativos americanos van mucho más allá de hacer cestas. El trabajo de estas dos docentes se centra en cómo des-occidentalizar nuestra concepción de las artes visuales para afrontar el  trabajo con una producción cultural que desafía nuestros conceptos. De lo oral a lo escrito, de la experiencia al objeto, de la pérdida geográfica a la pérdida cultural, del lenguaje (y de todo lo que el lenguaje conlleva), el trabajo de Hrenko y Paul me da fuerzas para seguir luchando por valores e ideas que aparentemente parecen perdidos pero que pueden transformarse en fuerzas poderosas a través de una educación regenerativa y posibilitadora. 

2013 La tutoría más cara del mundo: utilizando el perfomance como recurso evaluativo


Esta semana no solo ha llegado la primavera de una forma física a Waterville, sino que también ha llegado de forma metafórica a través de lo que se denomina como Spring Break y que coincide con las vacaciones de Semana Santa en España. Está claro que ambas celebraciones tienen que ver con el paso de ciclo, tienen que ver con dejar el invierno atrás y que comiencen los días largos, la luz blanca, las yemas de las plantas a punto de explotar y una recarga energética general. Esta semana en la que no ha habido actividad académica en Colby, he tenido la suerte de que viniese hasta aquí Lucía Sánchez profesora de educación secundaria del Área de Plástica y Visual muy preocupada en el cambio de formato, miembra super activa de Pedagogías Invisibles, investigadora cualitativa e innovadora y, sobre todo, amiga.
Con la escusa de hacer una tutoría (la tutoría más cara del mundo porque Lucía vive en Madrid), ha pasado tres días con nosotros en los que se convirtió en mi sombra a la vez que rematábamos los últimos flecos de su tesis doctoral, una investigación que explora desde la práctica la necesidad de transformar la evaluación en una ayuda para que el aprendizaje suceda en vez de precisamente el elemento que anula el aprendizaje y transforma la educación en un simulacro bulímico. Además de acompañarme al Walmart y comprobar con sus propios ojos como se pueden comprar en el mismo lugar una lechuga, unas zapatillas de andar por casa y un rifle de doble apertura, el tiempo que hemos pasado juntas ha servido para reflexionar de manera rizomática sobre varios temas rEDUvolucionarios.
El primer tema sobre el que evidentemente hablamos fue sobre los problemas de la evaluación y la realidad de que la principal causa de que el sistema educativo actual esté enfermo es que tenemos una educación basada en la evaluación en vez de una educación basada en el aprendizaje. Tenemos una educación cuya principal meta es la certificación, la legitimación de lo memorizado por parte de los estados, un proceso que muy poco o nada tiene que ver con la creación de conocimiento. Tenemos que aceptar el fracaso de la evaluación como un proceso efectivo: si funcionase no tendríamos los resultados que tenemos en las instituciones formales y esta es la razón por la que resulta imprescindible reflexionar sobre cómo, por qué y para qué evaluamos teniendo en cuenta que lo que entendemos por evaluar, y su principal herramienta, calificar, consisten en representar numéricamente lo que consideramos que ha aprendido un estudiante con el objetivo de legitimar su paso de un nivel a otro dentro del sistema educativo formal.
Pero, debido a que soy realista y se que es imposible abolirla, considero que hay trabajar a partir de tres frentes con respecto a ella: primero considero que es importante descentrarla que es exactamente lo que ocurre en los actos educativos no formales donde el aprendizaje sucede sin la obsesión por los resultados cuantitativos. La nota, la calificación, verdadero eje de las prácticas bulímicas y de la recreación del simulacro, debe de ser desplazada, hay que crear entornos donde el centro sea el aprendizaje junto con todas aquellas características que hemos perdido como el placer en vez de la obsesión por medir lo que ha ocurrido y representarlo; la segunda propuesta sería transformarla en investigación y utilizar métodos cualitativos para ejercerla desde la práctica y, por último, creo que realmente tenemos que ser creativos, aceptar que el paradigma numérico positivista no es más que uno de los sistemas de representación posibles y empezar a crear otras formas de evaluación.
La aportación de Lucía a este tarea idea transformar la evaluación fundamentalmente consiste en utilizar del arte contemporáneo (y en concreto la perfomance) como sistemas de representación del aprendizaje. En el estudio de caso que aborda en el libro Pedagogías invisibles, el espacio del aula como discurso explica como ha puesto en funcionamiento algo aparentemente complicado :

“Como profesora, muy a menudo me he sentido mal, frustrada por no ser capaz de medir en qué grado un estudiante ha procesado realmente y comprendido algo que yo le he explicado. Más allá de incorporar contenidos memorísticos o procesos mecánicos, la educación para mi implica una transformación pero, ¿cómo puedo yo calcular que lo que yo he contado (o hecho) en el aula les ha transformado? ….Y entonces, sucedió. Me di cuenta de que en términos mercantiles, el dinero es también un sistema de representación. De hecho, es el sistema de representación del “valor” por excelencia. Y así se me ocurrió: intercambiar trabajos por dinero. Imprimí mis propios billetes de 100, 200 y 500 y les di un nombre: el Terruño (o en inglés Lander). Por cada trabajo entregado el alumno recibe 100, cuando está bien desarrollado le doy 200, y si además plantea una idea original (y se sale del tiesto) recibe 500. En realidad todo está trucado, yo apunto minuciosamente el dinero que van acumulando. Y el día antes de la subasta voy pensando qué nota creo que se merece cada uno con respecto al conjunto de la clase, cuidando de que todos los que tienen la misma cantidad obtengan la misma nota. Valoro en términos de dedicación, más que de esfuerzo. Y en términos de originalidad. Premio siempre al que no tiene miedo.

Las conclusiones a las que ha llegado Lucía las podremos leer dentro de poco cuando publique su tesis, pero hoy me gustaría compartir de manera anticipada algunos de los beneficios que transformar la evaluación aporta al aprendizaje.
El primero de ellos es que invita a reflexionar sobre el propio proceso de la evaluación:

“Antes de poner en marcha este sistema jamás ningún alumno me había preguntado -“Oye, ¿y tú cómo evalúas?”-. Cambiar la evaluación en mi caso ha generado dos cosas: agrado o suspicacia, y a veces las dos. Permite hablar de ello, evidencia lo que antes estaba oculto y genera reflexión, la posibilidad de hablar de la importancia de “la nota”, de cómo un número es en realidad un “sistema de representación”. Les explico que en mi cuaderno no solo llevo las cuentas, sino que apunto impresiones que no soy capaz de valorar en términos numéricos ni económicos, pero que me sirven para darles y pedirles más. Les cuento que a través de esta evaluación creativa intento hacerles ver que las cosas pueden hacerse de mil formas.”

Lo segundo que aporta es que el momento de evaluar deja de ser una tortura (y estoy pensado en los exámenes) para convertirse en una experiencia:

“La “subasta” además de una performance, es performativa.-“¿Para qué te sirve un 9?”- les digo –“Para nada, no sirve absolutamente para nada. Pero lo que has aprendido… eso siempre lo llevarás contigo”.

Otro de los factores que explota es la autocorrección, probablemente el método de evaluación mejor del mundo. La reflexión que se genera con la perfomance que Lucía plantea invita a los estudiantes a explorar su aprendizaje y ser capaces de que sean ellos mismos y no un agente exterior quiénes determinen el valor de su trabajo y ponga en funcionamiento determinadas acciones.

Y, para terminar, fomenta la creatividad del profesor entendido como un productor cultural en todas las fases del proceso así como la creatividad de los estudiantes cuando son invitados a desarrollar sus propios modos de evaluación.

Dirigir a alguien una tesis doctoral es una posibilidad única de enlazar las biografías de dos personas con intereses comunes entendiendo el verbo dirigir como el de compartir, el de enseñarnos cosas mutuamente, el de tejer el rizoma. Desde la organización en 2011 del seminario Edupunk y universidad: son necearios los doctorados en tiempos de Facebook donde trabajamos el tema con Alejandro Piscitelli, en Pedagogías Invisibles estamos intentando transformar el simulacro de la realización de una tesis doctoral en la generación rizomática de conocimiento compartido. En los tiempos que corren, lo colaborativo ha de sustituir a lo individual, el trabajo en equipo al doctorando solitario, lo biográfico debe de sustituir a lo ajeno, lo narrativo ha de sustituir al lenguaje académico incomprensible y narcótico y lo audiovisual y el formato electrónico a lo únicamente textual y en papel. 
Compartir el conocimiento es la razón que tenemos para hacer investigación en el siglo XXI, infectarnos con las ideas de otros en vez de trabajar solos y creer que el conocimiento es un objeto que pertenece a alguien en exclusiva. Así es como entendemos Pedagogías Invisibles la investigación doctoral y como la llevamos a la práctica: tejiendo, intercambiando, regenerando. Gracias Lucía.