Esta semana ha sido una
semana extraña en España: ponías la radio, encendías la tele, leías un
periódico y en cualquier medio de comunicación se estaba hablando de educación.
No se hablaba únicamente de futbol, ni de devaneos políticos ni siquiera de los
últimos logros de las heroínas de la prensa del corazón: se hablaba de si hay
que hacer o no los deberes, de si son necesarios los exámenes, de qué metodologías
de enseñanza se utilizan en los países asiáticos…. Se ha hablado de educación
porque los dos temas que han capitalizado esta semana los medios de
comunicación han sido los resultados del informe PISA (Programme
for International Student Assessment) y la aprobación de la
LOMCE por lo que se hablaba de rendimiento, de profesionalización,
de resultados, de competitividad pero poco o casi nada se hablaba de
aprendizaje.
En el caso de PISA considero que, de nuevo, el foco
de atención se ha desviado hacia lo que les interesa a los medios y, por ende,
a los gobiernos por lo que os invito a sospechar del informe
abiertamente. Un informe que no nos vale, un informe que valida a gran escala
los procesos de educación bulímica que tanto estamos criticando, un informe que
realmente ha medido cuanto ha tragado, vomitado y olvidado la enorme cantidad
de estudiantes que han conformado la prueba porque, seamos sinceros, ¿alguien se ha preguntado cuánto han
aprendido los estudiantes que han formado la muestra del estudio donde se han
extraído los datos del informe PISA? ¿Alguien se ha preguntado cómo se han
ejecutado los procesos conducentes a la preparación del examen? ¿Alguien
se ha preguntado por el miedo, la ansiedad y la angustia? ¿Alguien se ha
preguntado para qué les ha servido a estos chicos y chicas hacer PISA más allá
de lo que les ha servido a sus respectivos gobiernos, por qué determinados
tiempos de sus vidas han sido invertidos en prepararse y hacer estas pruebas en
vez de ser invertidos en el verdadero aprendizaje?
PISA no representa los niveles de aprendizaje de
los participantes en el estudio, PISA representa lo correcta o incorrectamente
que han ejecutado el examen es decir, la quintaesencia de la educación
tradicional: un sistema que ya no nos sirve pero que perpetuamos con acciones
como esta. Por que está claro que
quienes han sacado las mejores puntuaciones en PISA son los estudiantes que más
tiempo y en mejores condiciones se han preparado para ello (lo que sitúa a los países asiáticos en los primeros lugares) pero, una vez más hay que
repetir que esto no tiene nada que ver con aprender, sino que tiene que ver con
adiestrarse, con concentrar todos los recursos cognitivos de una persona en una
tarea concreta, medible, cuantificable y evaluable. Tiene que ver con el dolor
de cuerpo sentado sin dormir, del aburrimiento, de la competitividad global.
Nada se habla en PISA de la pasión de aprender, de cómo el inconsciente desbarata
las intenciones especulares del modelo tradicional, de la sorpresa y de lo
inesperado. PISA sigue privilegiando la información vía texto, el resultado
frente al proceso, las arquitecturas verticales, la ausencia de democracia, la
brecha entre la escuela y el exterior, la razón sin afectos, la lógica sin las
humanidades, la educación como servicio, como simulacro absoluto.
Y seguimos con la LOMCE, una ley que hace
caso omiso de lo que desde mi punto de vista es el tema verdaderamente
importante: la brecha metodológica.
Una ley que, como PISA, fomenta estudiar
y se olvida de aprender, una ley que con su desprecio por las humanidades
ha conseguido que desaparezcan las asignaturas relacionadas con las artes y la
tecnología, justo las que tienen que ver con la creatividad y el pensamiento
crítico y justo las que se vislumbran como más necesarias en un mundo en que no
sabemos qué trabajos van a despeñar los estudiantes que ahora mismo abarrotan
las aulas de primaria….Tanto PISA como
la LOMCE pretenden firmemente conseguir que el aprendizaje NO suceda, pretenden
que sigamos preocupados por las notas en vez de por el conocimiento, por los
resultados en vez de por el proceso, por los números en vez de por las personas.
Pero me niego a caer en el
desánimo, la apatía y la resignación. Como profesores tenemos que seguir
luchando por el aprendizaje y es aquí donde recomiendo firmemente hackear el aula y mentir al inspector,
cerrar la puerta y comprometernos con la pasión por aprender, el cambio de
mobiliario, los tiempos slow, por
descentrar la evaluación, utilizar el lenguaje audioviusal y todo aquello que
describo en #rEDUvolution. Tenemos
que trabajar por una pedagogía de la
posibilidad y para que los cambios que ansiamos realmente sucedan
convirtiendo nuestra aula en ese lugar donde la #rEDUvolution se lleva a la práctica.
Hackear
significa hacer todo lo contrario de lo que se nos dice que hagamos (siguiendo
la máxima principal de la educación
disruptiva) obviando el miedo a los colegas, a los padres, a la inspección
porque, cuando el aprendizaje sucede nadie viene a rendir cuentas, cuando el
aprendizaje sucede no hay protestas ni discusiones: la motivación, la
concentración, la felicidad, la transformación y el empoderamiento es tal que
los agentes implicados en lo que menos piensan es en la queja. Reforzándonos en
nuestro Norte Ético, es decir, nuestro posicionamiento político como
profesionales transformativos, debemos desobedecer para trabajar por lo que
consideramos moral y cívicamente necesario.
Y en este sentido mentir significa redactar la programación que sabemos que no nos va a dar
problemas con respecto a nuestros superiores pero llevar a la práctica la
programación que consideramos necesaria para que nuestros alumnos aprendan.
Significa que por una vez hagamos nosotros lo que las autoridades hacen de
manera sistemática, significa re-apropiarnos de la única forma de trabajo que
nos permite experimentar lo que consideramos moralmente aceptable y necesario.
Mentir significa decir que vamos a hacer una cosa en la que no creemos para
hacer aquella en la que creemos, darle una vuelta de tuerca a la idea del profesor como estafador y además de
explicitar que lo que contamos en el aula es nuestra versión particular sobre
un tema, hacer aquello en lo que creemos firmemente en vez de caer en el juego
obtuso de la burocracia y el miedo.
No nos podemos quedar
parados: nuestra aula pequeña, fea e incómoda puede convertirse en ese lugar del
placer y del aprendizaje. Podemos transformarla tal como la artista koreana Jee Young Lee transforma su pequeño
estudio de 3 x 4 x 2 metros en increíbles representaciones de
otros mundos posibles.
Porque hackear y mentir son las herramientas del cambio, porque hackear y mentir ahora son más necesarios que nunca.
Porque hackear y mentir son las herramientas del cambio, porque hackear y mentir ahora son más necesarios que nunca.
PD: afortunadamente
la #rEDUvolution está teniendo su eco mediático lo que está consiguiendo
visibilizar la necesidad de cambio. Os dejo algunos de los enlaces a las
entrevistas que me han hecho las últimas semanas....















