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2014 Del estudiante como objeto al estudiante como sujeto: gestores culturales, perfomances y otras formas de romper el formato



Hace ya tres años se instaló una obsesión en mi cerebro, una obsesión que va mucho mas allá de la educación disruptiva o del edupunk, una obsesión que compruebo día a día cómo funciona y cómo empodera: es la obsesión por romper el formato, especialmente por romper el formato de la lección magistral. El culpable de todo esto no es otro que Alejandro Piscitelli quien, desde que le conocí en 2011, me repitió hasta la saciedad que “Las energías deben estar puestas no solo en lo que vamos a transmitir sino en la arquitectura de su transmisión”. En mi cabeza resuena desde entonces la realidad de que yo no trabajaba a la manera de las teorías que estaba enseñando y mi forma de dar clase era ante todo paradójica: ahí estaba defendiendo la pedagogía crítica como contenido mediante un formato de transmisión vertical, unidireccional y monológico.


Desde entonces, una de mis mayores preocupaciones como no/docente ha sido entender mis clases y mis charlas como entornos de inmersión y participación donde intento crear una comunidad desde donde se generen flujos de conocimiento rizomático. Pero, que esté obsesionada con romper el formato no quiere decir que no me cueste hacerlo, porque resulta una evidencia que hacerlo no solo necesita de más tiempo, más materiales, más esfuerzo…, sino que necesita más valor. Establece en mi rutina la duda, el miedo hacia lo inesperado, esa sensación de descontrol, esa incomodidad de no saber si me tomarán en serio….


A principios de curso recibí la invitación del Máster en Gestión Cultural de la Carlos III para impartir una sesión dentro del módulo de Difusión, coordinado por Susana Gómez San Segundo, en el que se introducía como innovación interna un apartado dedicado en exclusiva a la educación. En este caso, tuve el placer de compartir la experiencia con Javier Laporta, uno de los profesionales que conozco más preocupados por el ámbito educativo, que ha coordinado en los últimos años las actividades de mediación de Matadero Madrid, que en estos momentos continúa haciendo lo mismo en MediaLab Prado y que es miembro activo del colectivo Pedagogías Invisibles. Inmediatamente después de saber que en la sesión participaríamos uno detrás del otro, decidimos hacerlo de manera conjunta, así que mi preocupación por romper el formato se convirtió en la suya y tuvimos varias reuniones preparatorias que, como no puede ser de otra manera con Javier, se convirtieron en un placer.


Nuestra principal preocupación con respecto a los contenidos se centró en la idea del gestor cultural como agente político y en reivindicar la necesidad de convertir la educación en la columna vertebral de la gestión cultural cuando, hoy es el día en lo educativo se continúa entendiendo como un servicio, como una actividad periférica en muchos casos naif, dentro de las instituciones culturales. Por esta razón, comenzamos a romper el formato desde la selección del título y decidimos llamar a la sesión Gestión cultural y educación: una historia de amor. Desde la concepción de lo educativo como una actividad periférica y aséptica invitamos a los futuros gestores a entenderlo como la columna vertebral de su trabajo a partir de siete ejes:
  • El gestor cultural como intelectual.
  • La gestión cultural como acción política.
  • La gestión cultural como microrrevoluciones cotidianas.
  • El posicionamiento intelectual como elemento de base.
  • La gestión como producción.
  • La necesidad de investigar.
  • La necesidad de archivar y visibilizar.

Una vez aclarados los contenidos, lo siguiente fue preguntarnos cómo romper el formato. Para empezar el espacio físico con el que contábamos (como ocurre en el 99% de los casos) no invitaba a la participación: el imaginario del aula industrial está fuertemente arraigado de manera que el mobiliario se ordenaba de manera escolar mientras que el atril y la pantalla (en este caso doble) ocupaban una espacio ultra blanco, casi un quirófano. Lo primero que hicimos fue quitar las mesas y organizar las sillas en círculo, lo segundo habitar el espacio y dar color: mandarinas, chocolate, guirnaldas rojas, plantas ultra verdes y paredes repletas,  y por último un detonante espectacular (un carrito de la compra que Javier, lejos de esconder, situó en paralelo al atril) todo esto consiguió desde lo físico transformar los cuerpos, conectar las ideas y reproducir flujos flexibles en vez de silencios. 


Para continuar, desde el comienzo intentamos desterrar el simulacro (escuchar y tomar apuntes) y producir una experiencia transformadora, de manera que comenzamos invitando a los participantes a diseñar un programa educativo desde el que analizamos los siete ejes seleccionados. Entendiendo a los estudiantes como sujetos de su propio aprendizaje en vez de cómo objetos de un proceso que quizás solo llegase hasta la certificación, Javier y yo intentamos aprender con ellos (no solo de ellos) y generar cuatro horas de investigación, reflexión y producción. La arquitectura de transmisión, la narratividad y el humor consiguieron que el amor se colase más allá del título de la sesión.



Unas semanas más tarde, Essi Kaussalainen, artista finesa participante de la última edición de El Ranchito en Matadero Madrid, organizó el proyecto Interior Landscape en colaboración con el colegio Las Naciones y los estudiantes de 4º de primaria. Essi es una productora cultural cuyo principal medio de trabajo son las perfomances y cuya última trayectoria le está llevando a emigrar de acciones en las que aparece ella sola a acciones en las que invita a otros agentes a participar, niñas y niños principalmente. El proyecto que ha diseñado en este caso se ha centrado en dos actividades: la primera realizada en el colegio citado y la segunda en la Nave 16 de Matadero.


Durante la primera actividad, Essi mostró su trabajo a los estudiantes al tiempo que explicaba los fundamentos del arte contemporáneo y la perfomance haciendo especial hincapié en los significados imbricados en sus piezas y que comunica mediante un conjunto de microdiscursos emitidos desde las herramientas que seleccionadel lenguaje visual. Essi nos explicó cómo está trabajando en colaboración con un biólogo preocupado por el tema de la comunicación de las plantas y cómo una de sus últimas piezas tratan de reflexionar sobre este mismo tema, pero desde el contexto de lo artístico en vez del contexto de la ciencia. Para terminar este primer día, Essi invitó a los futuros performers a reflexionar sobre cuáles son aquellas cosas sin las que es imposible vivir, y tras apuntar cuidadosamente las respuestas, organizó el trabajo a realizar antes de ir a Matadero en el que cada artista/niño tenía que realizar una redacción sobre qué es y para qué sirve un paisaje.


Una semana después llegamos a la Nave 16 con las expectativas muy altas y, tras la explicación de las reglas del juego (no tocar el trabajo de los otros residentes con los que compartíamos espacio y no dañarnos unos a otros) Essi invitó a los niños y niñas a firmar su contrato como artistas. Tras esta toma de contacto, Essi llegó con un enorme recipiente lleno de flores que los estudiantes recogieron transformando su uso y prolongando sus cuerpos de forma vegetal, conformando con las flores parte de su nuevo paisaje corporal. Tras la acción, nos sentamos en círculo para reflexionar sobre lo que había ocurrido y qué era lo que habíamos creado, secuencia en la que cada participante explicó los elementos que conformaban su paisaje interior. 


Una vez más comprobamos como emigrar de la educación artística como manualidades a la Educación Artística como Vehículo de Conocimiento (conocimiento, proceso y creatividad) es un paso maravilloso y empoderador, una experiencia placentera que nos conecta con lo que ocurre en el mundo y nos hace conocer y reflexionar críticamente desde las artes visuales. Con respecto a la arquitectura de transmisión que utilizó Essi, es importante señalar el hecho de que no invitó a los estudiantes de Las Naciones para que fuesen objetos de un perfomance realizado por ella, Essi les dio la oportunidad de transformarse en performers, de ser ellos, y no ella, los sujetos de la acción.


De la misma manera que Javier y yo intentamos que los estudiantes del Máster de Gestión Cultural fuesen los agentes directos de su sesión en vez de receptores pasivos, Kausalainen introdujo sus contenidos (arte contemporáneo, perfomance y paisaje interior) mediante un proceso completamente participativo dando la vuelta a las arquitecturas de transmisión tradicionales. Quedan muy lejos la toma de apuntes estéril y la manualidad yerma: nos encontramos con la efervescencia, la remezcla creativa y el placer por conocer así que, a pesar de los pesares, compruebo día a día los beneficios de mi obsesión. 

Gracias Alejandro por invitarme a romper el formato.


2014 #EVALUparty: haciendo del aprendizaje un placer y del examen una fiesta

Simplemente escuchar la palabra “examen” produce una serie de reacciones fisiológicas en mi organismo que soy incapaz de contralar: mareos, sudores fríos,  dolor de estómago... Los exámenes han formado parte inherente de mi vida como estudiante y han sido tan profundos los malos recuerdos que han suscitado en mi inconsciente que nunca jamás los he utilizado en mi roll como profesora. Desde el principio he intentado llevar a cabo prácticas evaluatorias lo más democráticas posibles y, sobre todas las cosas, he intentado descentrar la evaluación en el proceso. De manera que he representado el aprendizaje al que creo que han llegado mis estudiantes de diferente forma: con la visita de evaluadores externos, mediante grupos de discusión, a través de proyectos y, últimamente, gracias a la influencia de mi compañera de Pedagogías Invisibles, Lucía Sánchez, me he internado por los vericuetos de la Evaluación Creativa: perfomances, vídeos y tartas de manzana, han sido algunos de los dispositivos utilizados para representar el conocimiento creado.

Este curso en la UCM ha sido #rEDUvolucionario y los tres grupos de estudiantes, con los que he tenido el placer de compartir la asignatura, se han involucrado tanto que han desarrollado un papel absolutamente central en su propio proceso de evaluación, proceso formado por tres elementos: una herramienta boomerang, desde la que me han ofrecido su visión de la asignatura, un grupo de discusión, con el que ha salido a relucir cuestiones muy importantes del aprendizaje, y lo denominado por ellos como #EVALUparty, que consiste básicamente en una fiesta en la que hacía entrevistas semiestructuradas con cada uno de los estudiantes (utilizando la investigación cualitativa como alternativa a la calificación cuantitativa). Durante esta última herramienta fijábamos juntos la nota, esa nota que muy a pesar nuestro nos pide el sistema.

Llevando la #rEDUvolution a la práctica hemos introducido lo narrativo en estas entrevistas de manera que algunos de los entrevistados han acudido con diferentes sombreros (yo misma me he disfrazado de pájaro) e incluso hemos utilizado el tiempo que tarda una cerilla en apagarse para organizar nuestra conversación, como si aquello de lo que estábamos hablando fuese lo último que íbamos a decirnos...La verdad es que la #EVALUparty ha funcionado: nada de nervios, ni de ansiedad, ni de caras largas. Han sido entrevistas profundas y sentidas donde he tenido el placer de compartir con muchos de los estudiantes un tiempo individual, personal, de humor, de calor, un tiempo realmente vivido en vez de una farsa. El descentre, la investigación cualitativa, el proceso realizado a la inversa (el boomerang) y lo narrativo, han convertido la evaluación en algo muy diferente a como se concibe en la educación tradicional. Hemos revestido la nota de afectos, de sorpresa, de relax y hemos llegado a la conclusión numérica que nos impone el sistema como requisito terciario en vez de cómo centro. Fundamentalmente lo que hemos hecho ha sido reflexionar, hemos abierto en vez de cerrar, hemos impulsado la transformación y lo que vendrá después, en vez de intentar clausurar el aprendizaje con un broche imposible. Si evaluar debe de servir para algo, puede que sea para esto, para que nos paremos a pensar, para que hagamos conexiones, para que nos conozcamos mejor entre nosotros y a nosotros mismos.  
Pero, la fiesta del #EVALUparty es realmente la continuación de la celebración permanente del aprendizaje que ha tenido lugar este curso. El miércoles 15 de enero tuvimos la suerte de contar con el performer Abel Azcona como artista invitado en nuestra asignatura. Son varias las razones de la visita de Abel siendo la primera de ellas mi obsesión por pasar DE LA ISLA AL NODO y es que, en muchos casos existe una total desconexión de las instituciones educativas formales (y de muchas de las no formales), con respecto al mundo exterior a ellas. Gran parte de las escuelas y universidades viven de cara a su interior y los contenidos se distribuyen de forma aislada, sin conexión alguna con los sucesos, autores y contextos en los que se crearon. Para emigrar desde el paradigma de la institución educativa como isla a la institución como nodo, la rEDUvolution trabaja con lo que está ocurriendo en tiempo real fuera de las paredes el aula, pasando de lo abstracto a lo tangible, relacionando los contenidos con su contexto de producción.
Por esta razón, en mis asignaturas no solo emigramos del aula y nos vamos a ver arte contemporáneo o experiencias educativas interesantes a otros lugares, sino que también hacemos el proceso a la inversa, invitando agentes especiales a visitar nuestra aula, motivo por el que invité a Abel para que los estudiantes comprobaran de primera mano cómo funciona el proceso de legitimación profesional en el mundo del arte real. Este es un tema que nos cuesta aceptar y que quedó más claro porque en su figura están todas las claves: un artista muy joven (25 años), que utiliza las redes sociales como una herramienta de comunicación fundamental y completamente legitimado. Además hablamos de la importancia de la polémica en su obra, de sus temas comprometidos, como la prostitución profundamente imbricados en su biografía, de tal manera que muchos aspectos que quedaban difusos se tornaron claros con su presencia demostrando que es necesario pasar de los espacios de representación pedagógica a los espacios reales, táctiles, donde lo que ocurre en el aula es lo físico y no su sombra.

Para terminar un mes cargado de eventos, la sesión número #2 de la Escuela de Educación Disruptiva (22 de enero) contó con un tema también relacionado con el placer y por lo tanto vetado en lo educativo, los teléfonos móviles, dispositivos que seleccionamos como excusa para preguntarnos: ¿es la pedagogía un acto de contemplación o un acto de producción? En la segunda sesión de la EED contestamos a esta pregunta afirmando que la pedagogía es, estructuralmente, un acto de producción, un proceso donde la comunidad de aprendizaje (tanto profesores como estudiantes) construyen conocimiento. Reconocer la educación como un acto de producción intelectual resulta una necesidad básica para la educación del siglo XXI así como reconocer a profesores y estudiantes como productores culturales, y no solo como consumidores de información.

Este acto de producción queda en muchas ocasiones relegado a un segundo plano, ocultado por otras actividades con mayor visibilidad como la evaluación, la toma de apuntes, los deberes y otras acciones que identificamos como educativas pero que no conducen al aprendizaje significativo sino a lo que hemos llamado aprendizaje bulímico: tragar, memorizar, vomitar y olvidar. Para recuperar lo educativo como un suceso verdaderamente transformador debemos de, una vez más, romper con la idea de que aprender consiste en coger apuntes y estudiar (en el caso del estudiante) o seleccionar un libro de texto y hablar de él (en el caso del profesor) para reivindicar que la producción intelectual es el núcleo central del proceso aprendizaje, que sentir, analizar, razonar, debatir, imaginar, escribir, leer, jugar, gestionar o estructurar son, entre otras muchas acciones, actos de producción intelectual que constituyen la base de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. 
Durante la sesión, en primer lugar contamos con la participación de Tíscar Lara, Directora de Comunicación en la EOI, con quien conversamos sobre cómo ella misma abordó el reto de transformar su institución en el año 2009 mediante las tecnologías móviles y convertir “cualquier lugar en un aula” y además que ese aula fuese transparente, compartida, abierta de manera que cualquiera (no solo los alumnos de la EOI) pudiesen beneficiarse del conocimiento generado. Así la EOI se convirtió en un lugar #rEDUvolutionario donde lo importante era compartir y crear experiencias de aprendizaje personales, biográficas donde la tecnología (por ejemplo a través de la edición de blogs personales) no solo servía para gestionar sino para empoderar y desde donde prolongar las identidades físicas de los estudiantes a través de sus identidades digitales. Tras este recorrido histórico por su institución, Tíscar nos invitó a reflexionar sobre diferentes proyectos que, utilizando los dispositivos móviles como herramienta, están llevando la #rEDUvolution a la práctica, muchos de ellos desarrollados desde un grupo de profesores que trabajan en equipo desde el CRIF las Acacias de Madrid.
Desde el proyecto WAVES, donde se utilizan podcast realizados por los estudiantes para aprender, entre otras cosas, inglés, hasta Historias de la Historia donde se utiliza el programa Stop Motion para recrear y reflexionar sobre la arqueología pasando por la realización del proyecto Mapa de Ruidos, donde se concibe a los estudiantes como investigadores que han de utilizar sus dispositivos móviles para detectar los lugares con los índices de sonoridad más altos de su instituto, vemos muchas de las demandas de la rEDUvolution: visualidad y narratividad, la comunidad de aprendizaje como productores culturales que incluso dan nombre a sus proyectos y expectativa.
Lo experiencial cobró verdadera importancia en los dos últimos proyectos visualizados por Tíscar, Physics on the go y Filoatocha; en el primero diferentes grupos de estudiantes aprenden física en el Parque de Atracciones de Madrid midiendo a partir de sus teléfonos móviles las energías que se generan en las diferentes atracciones, mientras que Filoatocha, 200 estudiantes de bachillerato han creado un herbario del Parque del Retiro de Madrid en código abierto. Todos estos proyectos han sido largos, costosos, necesitan de mucha disciplina y organización, pero también están vinculados al placer, a prolongar el aprendizaje fuera del aula, a recuperar, a fin de cuentas, la pasión por aprender más allá de estudiar conectando las instituciones con la realidad exterior, pasando de la isla al nodo.
Después de la pausa para comer, contamos con la participación de Pedro Jiménez de Zemos98 colectivo cuyo objetivo es analizar la cultura audiovisual en la era de Internet. Con Pedro conversamos sobre una de los conceptos centrales de la Educación Disruptiva, la idea del profesor como DJ, metáfora elaborada a partir de las teorías del crítico de arte francés Nicolás Borriaud, quien identifica al artista contemporáneo como DJ. Llevándonos esta propuesta hasta la pedagogía, debatimos sobre la figura del profesor como DJ, es decir, como un productor cultural que selecciona temas y los ordena de forma personal creando diferentes playlist para cada sesión, para cada clase.
El recorrido al que Pedro nos invitó (http://www.slideshare.net/pedrojimenez/el-profesorcomodj-reduvolution)  estuvo lleno de su genio como DJ tanto en los contenidos como en la puesta en escena, ya que nos sorprendió sacándose de la chistera un sampler (un aparato lleno de botones) que utilizan los DJ para remezclar sonidos, desde el cual las voces de Rajoy o Alejandro Piscitelli contestaban de manera delirante cuando Pedro prefería estar callado. Comenzamos visualizando una secuencia de la serie The Wire en la que un adolescente reflexiona sobre la diferencia entre la necesidad de aprender a sumar para aprobar el examen y la necesidad de aprender a sumar para vender droga: en este segundo caso la realidad y el peligro cobran tal fuerza que sumar se relaciona con la supervivencia dejando de lado el simulacro y la bulimia. Continuamos utilizando diversas imágenes como escusas para repensar la tecnología y lo que significa desde diferentes contextos, como la maravillosa foto en la que aparentemente varios personajes fotografían un paisaje, cuando lo que está ocurriendo realmente es que es un grupo de inmigrantes que buscan cobertura para comunicarse con sus familias y dar fe de que han llegado su destino….
Continuamos adentrándonos en el concepto Educación Expandida desarrollado por Zemos98, tema muy presente en la #rEDUvolution, desde el que se plantea que la educación sucede en cualquier momento y en cualquier lugar, concepto que cuenta con una sería de recursos para saber más, como el documental La escuela expandida y el libro Educación Expandida. En ese preciso momento, la remezcla volvió a dar sus frutos cuando apareció en pantalla una frase de Pony Bravo “Se estudia y se aprende bien lo más difícil del mundo. Quise estudiar tu cariño y no lo pude comprender por eso ahora sufro y lloro como un niño...” Los guiños y la narratividad fruto de la multiplicidad de mensajes que usa el DJ se vieron en este caso completados con la música que resonaba en nuestras cabezas al tiempo que se volvía a hacer hincapié en la remezcla visual y la lucha política revestida de humor que se utiliza para construir MEMES o la capacidad de la nueva red social del momento VINE, donde a través de vídeos de seis segundos de duración nos convertimos en productores/remezcladores: magia barata que nos invita a repensar el roll del profesor como mago.
 La pesadilla del DJ, que nadie baile su música, que nadie la convierta en experiencia, es lo que ocurre día a día en las aulas con respecto a la playlist que selecciona el profesor: nadie hace suyos los contenidos que el docente selecciona, nadie los baila. Para bailarnos y hacerlos nuestros es imprescindible un proceso que se olvida de manera sistemática en lo educativo, la escucha activa: mediante la escucha activa el público del DJ se apropia de la música y esto es precisamente lo que ocurrió con el maravilloso taller diseñado por Adolf Murillo profesor de música en el IES Arabista Ribera de Carcaixent y profesor asociado en la Universidad de Valencia. Sería incongruente hablar de profesores y estudiantes como productores culturales y no empoderar a los participantes de esta sesión como tales. Esta es la razón por la que Adolf invitó a los asistentes a participar en la creación de diferentes piezas sonoras a partir de sus dispositivos móviles convirtiendo la segunda sesión de la Escuela de Educación Disruptiva en una potente orquesta del siglo XXI en la que muchas de las ideas debatidas en las conversaciones fueron llevadas a la práctica.

Placer, nodos, poder y DJ’s. Estos han sido los ejes de un mes denso y pastoso, lleno de transformaciones y  micro-revoluciones donde he aprendido que los exámenes, como la violencia, solo engendran más exámenes….Como profesores debemos ir más allá y demostrar en la práctica que otra forma de evaluar es posible, que debemos conectar con el exterior y utilizar la tecnología como medio para empoderarnos como productores culturales.

2014 ¿Dónde está el arte? o por qué disfrutar de cómo caen los polvos del Cola-Cao en un vaso de leche es igual de potente que visitar un museo


“Arte es todo aquello que decidimos mirar artísticamente”
El arte como experiencia
John Dewey



¿Dónde está el arte? Esta es la pregunta que me hizo mi hija Paz hace unos días, sobrecogida por la conversación que manteníamos varios adultos a su alrededor sobre el espinoso tema de la legitimación del arte contemporáneo y, lo mismo que hago con los estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la UCM (que sorprendentemente tienen las mismas dudas que ella), la pregunta me posibilitó abrir el debate sobre las diferencias entre decidir entrar en el circuito del mundo profesional del arte contemporáneo o no entrar en ese mundo profesional, quedarte fuera. Si decides entrar lo primero que necesitas es legitimarte, de manera que tienes que seguir una serie de pasos: la obra de arte no debe ser casual, hay que enmarcarla dentro de una trayectoria, exponer en lugares físicos muy concretos así como aparecer en webs y revistas de referencia que te posicionen dentro de la selección realizada por comisario o un blogero de renombre. Como los estudiantes siempre se enfadan cuando explico este proceso utilizo una metáfora: no es lo mismo jugar al fútbol en el patio de tu casa (fútbol no profesional) que entrar en el Real Madrid (fútbol profesional). Para que ocurra lo segundo también hay que pasar por un proceso de legitimación super estricto: has de ser seleccionado por un ojeador, entran en un equipo de renombre, etc.




Pero, no es lo mismo el arte legitimado que la experiencia estética. La segunda, como ya dijo Dewey en Arts as experience y Alan Kaprow en La educación del desartista, se puede encontrar en cualquier momento y en cualquier lugar si adiestramos nuestros ojos y nuestro cerebro para ello: disfrutamos al mirar como se distribuyen los polvos del Cola-Cao en un vaso de leche, el rastro que dejan la suela de los zapatos en el barro o el sonido del viento contra nuestro parabrisas. Quiero dedicar este primer post de 2014 a la idea de que el arte está en todas partes mediante tres experiencias muy distintas: un taller esperado (Ko-nichi wART)  dentro del contexto de una institución de arte legitimada y dos talleres inesperados (BlueBath y Caza-Dora) relacionados con la trasformación estética de la acción cotidiana de bañarse y el re-descubrimiento de una pieza de ropa.




Ko-nichi wART es una actividad nacida de una colaboración entre el colegio Las Naciones y el Centro de Creación Contemporánea Matadero Madrid a través de la cual Yuta Nakajima (artista japonés que ha participado como residente en la última edición de El Ranchito http://nakajimayuta.net) ha realizado dos talleres para los estudiantes de Primero de Primaria del centro escolar citado. La obra de Yuta es muy peculiar ya que la mayoría de sus obras implican a los niños como agentes productores de actividades tan complejas como, por ejemplo, crear esculturas con toallas empapadas en una nave frigorífica. Casi todas ellas podrían definirse dentro de la categoría de arte relacional infantil de manera que entran de lleno en lo que vengo denominando como Educación Artística como Vehículo de Conocimiento. 



En el caso de su propuesta para El Ranchito, Yuta ideó una obra dividida en dos sesiones. La primera consistió en su visita al colegio citado para realizar una sesión de trabajo comparativo entre la cultura japonesa y la española (que ya había sido previamente realizada a la inversa en Japón) dividida en cuatro fases que emigraban de lo concreto a lo abstracto: dibujar una niña japonesa (en el taller en Japón la actividad consistió en dibujar una niña española), una bebida japonesa, el Monstruo japonés y, por último, dibujar una mentira. Yuta dividió los enormes trozos de papel que traía en ochos apartados simplemente plegándolos y en ellos los participantes realizaron sus propuestas: las más interesantes fluyeron ante el problema de dibujar una mentira ya que previamente había que mentir y mentir para dibujar es una tarea intelectual compleja… “Hoy he desayunado una babosa”, “Me he comprado un ipad nuevo” o “Soy viejo” son algunas de las mentiras que luego tocó dibujar.  




En el segundo taller los estudiantes de Primero de Primaria se desplazaron hasta la zona de trabajo de Yuta Nakajima en Matadero todos vestidos de rojo, una norma absurda diseñada por Yuta y que nos invitó a reflexionar sobre quién pone las normas y por qué. La experiencia de ir todos vestidos del mismo color rojo resultó bastante potente en sí misma, acción que se multiplicó por mil cuando llegamos a El Ranchito y nos sentamos encima de planchas de papel forradas de espejo: los reflejos de los cuerpos cobraron un valor inusual al tiempo que los niños y niñas realizaban incisiones en la superficie del papel creando una especie de alfombra creada a través de la acumulación de las incisiones. El procedimiento de archivo del taller a través de fotografías posibilita que Yuta realice un vídeo final en el que se visibiliza parte del proceso. 





Tras una experiencia completamente legitimada, esa misma noche mis hijas y yo creamos el taller inesperado BlueBath, una actividad estética generada en el baño de nuestra casa a través de bolas de gelatina azul. A través del tacto y de la vista transformamos la experiencia cotidiana del baño en una sesión de body art, donde lo importante no era limpiarse sino transitar dentro de una sustancia diferente que nos invitaba a quedarnos y a salir del baño la vez. Reflexionar sobre cómo podemos imaginar  un simple cuarto de baño como un taller de producción cultural así como las diferencias y similitudes con lo que ocurrió en Matadero, consistió en parte del núcleo intelectual de BlueBath.


 Y, para terminar, Caza-Dora, una actividad que sucedió de manera casual, improvisada cuando Paz metió los pies en un lugar que no era el adecuado. De repente, una prenda sin más se convirtió en una osadía, en un algo inidentificable, en una sorpresa generando tanto en la propia autora como en los demás, la sensación de que todo es posible, que es importante extrañar, mirar las cosas viejas como si fueran nuevas y repensar su uso.

El placer ha sido parte fundamental de estas tres experiencias, además del conocimiento, el proceso y la creatividad alejándolas del marco de las manualidades y posicionándolas dentro de la contemporaneidad, empoderando a sus participantes como productores culturales a los 6 años, demostrando que para desarrollar las artes visuales no es necesario más que tiempo, buenas ideas y formatos interesantes. Tanto en Matadero Madrid (como en el Cuarto de Baño o en el Jardín) el arte florece cuando somos capaces de descubrirlo por lo que la educación artística tiene un papel fundamental: que aprendamos a reconocerlo.