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2012 Piscinas, sacos de dormir y árboles temblorosos: buscando el placer en el aprendizaje a través de lo narrativo


Hace unas horas que acabo de salir del cine. Mis hijas no han parpadeado, han contenido la respiración, se han proyectado en la protagonista y, por supuesto, han aprendido. Creo que uno de los retos más importantes que tenemos como educadoras y educadores del siglo XXI es volver la educación una fuerza narrativa, retórica, que conecte con los mecanismos del placer, de la sorpresa y del drama (en el sentido peliculero) y desterrar de la educación el aburrimiento, el embotamiento de los sentidos y el dolor. La industria del entretenimiento lo tiene muy claro: la única forma de que alguien se gaste dinero en un videojuego, en una serie o en una peli es uniendo los contenidos con el placer y ¡vaya si lo consiguen!, así que quizás deberíamos utilizar sus mecanismos para desestabilizarlos y volver a conseguir el PLACER DE APRENDER. 
El miércoles 28 de Marzo en la jornada en la que se reúnen los estudiantes de los ciclos formativos de Animación Sociocultural de la comunidad de Madrid denominada #Interactúa, Pedagogías Invisibles y yo intentamos huir de lo descriptivo mediante lo narrativo para lograr el aprendizaje. La jornada empezó temprano ya que nos teníamos que desplazar hasta Ujena (Toledo) en un radiante día que parecía de verano. Llegamos a nuestro destino bastante temprano y allí nos esperaba nuestro anfitrión Juanjo Vergara, alma máter de todo el evento y un gran profesional de la educación que practica la rEDUvolution y ha sido un pionero del uso de procesos disruptivos de la educación en nuestro país. Tras un potente desayuno, comenzaron los talleres que iban a impartirse por la mañana. Nos situamos al borde de una piscina (nada mejor que una granja escuela para organizar una no-clase) y comenzó nuestra participación. 
Empezamos por obligar a que los participantes se sentasen en filas en el césped mientras yo me subía a una silla que a modo de tarima habíamos hábilmente colocado en una posición central. Los estudiantes se dieron cuenta de que así colocados ocurrían al menos dos cosas importantes: que ellos no se podían ver los unos a los otros mientras que yo podía verlos a todos perfectamente. Descubierta y repensada la organización panóptica de la arquitectura de una clase tradicional, explicamos qué eran las Pedagogías Invisibles y organizamos cinco microproyectos para aplicar el DAT (Detectar, Analizar, Transformar): el que organizó Edgardo Donoso descubriría las pedagogías invisibles del pelo para ver cómo comunicamos miles de cosas a través de este medio; Marta García trabajaría con el cuerpo y las posturas y con las sutiles informaciones que elaboramos inconscientemente; Clara Megías abordaría una parte de la indumentaria: los zapatos. Mientras que yo me adentraría en los profundos y opacos mensajes que emanan de un simple e infravalorado DNI. Al borde de la piscina, bajo las copas de los árboles movidos por el viento, fuimos haciéndonos preguntas sobre todos estos temas y, en mi caso, fue muy disruptiva la parte de transformación donde cada uno de nosotros diseñamos un DNI con todo aquello que nos representa de verdad, como la música que nos gusta o el lugar al que de verdad nos sentimos unidos.
A las 12 empezó una charla a la que se acercaron los cerca de 60 estudiantes congregados en las jornadas. En este caso la narratividad no la creamos solo a través del contenido sino transformando el formato del evento pues les pedimos a los participantes que se trajesen sus sacos de dormir y se relajasen en el suelo y claro, esta rotura narrativa funcionó: se diluyeron las barreras y la efervescencia que se creó me impidió hablar ya que los estudiantes tomaron la palabra y dieron ellos la conferencia: se convirtieron en los protagonistas invirtiendo la jerarquía de la participación. 
¿Qué hubiera ocurrido si en vez de sobre el pelo, las manos, los zapatos y los DNIs hubiésemos descrito a palo seco lo que son las pedagogías invisibles? ¿Qué hubiera ocurrido si en vez de ofrecer la posibilidad de asistir envuelto en tu saco hubiésemos obligado a los participantes a permanecer sentados sin moverse y sin hablar las dos horas de las que disponíamos y las hubiésemos utilizado para enumerar una retahíla de temas sin más?

Quizás el aprendizaje no hubiese ocurrido, ni las ganas que vimos, ni los cuerpos tensos que querían participar levantando la mano con evidente placer porque quizás por fin estaban aprendiendo.

Saltemos a la piscina. Saltemos a lo narrativo. 




2 comentarios:

Ángeles Saura dijo...

GENIAL y punto. Os sigo

Juanjo Vergara dijo...

María.. tenerte allí no solo fué un lujo: Además un verdadero placer. Y el placer no se olvida... es LA GRAN FUENTE DE APRENDIZAJE -yo creo que la única- que algunas personas saben producir. Enhorabuena por ser una de ellas. Y gracias por dejarte liar.

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