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2013: Hackea el aula y miente al inspector: cuando desobedecer es la vía para que el aprendizaje suceda


Esta semana ha sido una semana extraña en España: ponías la radio, encendías la tele, leías un periódico y en cualquier medio de comunicación se estaba hablando de educación. No se hablaba únicamente de futbol, ni de devaneos políticos ni siquiera de los últimos logros de las heroínas de la prensa del corazón: se hablaba de si hay que hacer o no los deberes, de si son necesarios los exámenes, de qué metodologías de enseñanza se utilizan en los países asiáticos…. Se ha hablado de educación porque los dos temas que han capitalizado esta semana los medios de comunicación han sido los resultados del informe PISA (Programme for International Student Assessment) y la aprobación de la LOMCE por lo que se hablaba de rendimiento, de profesionalización, de resultados, de competitividad pero poco o casi nada se hablaba de aprendizaje.

En el caso de PISA considero que, de nuevo, el foco de atención se ha desviado hacia lo que les interesa a los medios y, por ende, a los gobiernos por lo que os invito a sospechar del informe abiertamente. Un informe que no nos vale, un informe que valida a gran escala los procesos de educación bulímica que tanto estamos criticando, un informe que realmente ha medido cuanto ha tragado, vomitado y olvidado la enorme cantidad de estudiantes que han conformado la prueba porque, seamos sinceros, ¿alguien se ha preguntado cuánto han aprendido los estudiantes que han formado la muestra del estudio donde se han extraído los datos del informe PISA? ¿Alguien se ha preguntado cómo se han ejecutado los procesos conducentes a la preparación del examen? ¿Alguien se ha preguntado por el miedo, la ansiedad y la angustia? ¿Alguien se ha preguntado para qué les ha servido a estos chicos y chicas hacer PISA más allá de lo que les ha servido a sus respectivos gobiernos, por qué determinados tiempos de sus vidas han sido invertidos en prepararse y hacer estas pruebas en vez de ser invertidos en el verdadero aprendizaje?

PISA no representa los niveles de aprendizaje de los participantes en el estudio, PISA representa lo correcta o incorrectamente que han ejecutado el examen es decir, la quintaesencia de la educación tradicional: un sistema que ya no nos sirve pero que perpetuamos con acciones como esta. Por que está claro que quienes han sacado las mejores puntuaciones en PISA son los estudiantes que más tiempo y en mejores condiciones se han preparado para ello (lo que sitúa a los países asiáticos en los primeros lugares) pero, una vez más hay que repetir que esto no tiene nada que ver con aprender, sino que tiene que ver con adiestrarse, con concentrar todos los recursos cognitivos de una persona en una tarea concreta, medible, cuantificable y evaluable. Tiene que ver con el dolor de cuerpo sentado sin dormir, del aburrimiento, de la competitividad global. Nada se habla en PISA de la pasión de aprender, de cómo el inconsciente desbarata las intenciones especulares del modelo tradicional, de la sorpresa y de lo inesperado. PISA sigue privilegiando la información vía texto, el resultado frente al proceso, las arquitecturas verticales, la ausencia de democracia, la brecha entre la escuela y el exterior, la razón sin afectos, la lógica sin las humanidades, la educación como servicio, como simulacro absoluto.

Y seguimos con la LOMCE, una ley que hace caso omiso de lo que desde mi punto de vista es el tema verdaderamente importante: la brecha metodológica. Una ley que, como PISA, fomenta estudiar y se olvida de aprender, una ley que con su desprecio por las humanidades ha conseguido que desaparezcan las asignaturas relacionadas con las artes y la tecnología, justo las que tienen que ver con la creatividad y el pensamiento crítico y justo las que se vislumbran como más necesarias en un mundo en que no sabemos qué trabajos van a despeñar los estudiantes que ahora mismo abarrotan las aulas de primaria….Tanto PISA como la LOMCE pretenden firmemente conseguir que el aprendizaje NO suceda, pretenden que sigamos preocupados por las notas en vez de por el conocimiento, por los resultados en vez de por el proceso, por los números en vez de por las personas.

Pero me niego a caer en el desánimo, la apatía y la resignación. Como profesores tenemos que seguir luchando por el aprendizaje y es aquí donde recomiendo firmemente hackear el aula y mentir al inspector, cerrar la puerta y comprometernos con la pasión por aprender, el cambio de mobiliario, los tiempos slow, por descentrar la evaluación, utilizar el lenguaje audioviusal y todo aquello que describo en #rEDUvolution. Tenemos que trabajar por una pedagogía de la posibilidad y para que los cambios que ansiamos realmente sucedan convirtiendo nuestra aula en ese lugar donde la #rEDUvolution se lleva a la práctica.

Hackear significa hacer todo lo contrario de lo que se nos dice que hagamos (siguiendo la máxima principal de la educación disruptiva) obviando el miedo a los colegas, a los padres, a la inspección porque, cuando el aprendizaje sucede nadie viene a rendir cuentas, cuando el aprendizaje sucede no hay protestas ni discusiones: la motivación, la concentración, la felicidad, la transformación y el empoderamiento es tal que los agentes implicados en lo que menos piensan es en la queja. Reforzándonos en nuestro Norte Ético, es decir, nuestro posicionamiento político como profesionales transformativos, debemos desobedecer para trabajar por lo que consideramos moral y cívicamente necesario.

Y en este sentido mentir significa redactar la programación que sabemos que no nos va a dar problemas con respecto a nuestros superiores pero llevar a la práctica la programación que consideramos necesaria para que nuestros alumnos aprendan. Significa que por una vez hagamos nosotros lo que las autoridades hacen de manera sistemática, significa re-apropiarnos de la única forma de trabajo que nos permite experimentar lo que consideramos moralmente aceptable y necesario. Mentir significa decir que vamos a hacer una cosa en la que no creemos para hacer aquella en la que creemos, darle una vuelta de tuerca a la idea del profesor como estafador y además de explicitar que lo que contamos en el aula es nuestra versión particular sobre un tema, hacer aquello en lo que creemos firmemente en vez de caer en el juego obtuso de la burocracia y el miedo.  

No nos podemos quedar parados: nuestra aula pequeña, fea e incómoda puede convertirse en ese lugar del placer y del aprendizaje. Podemos transformarla tal como la artista koreana Jee Young Lee transforma su pequeño estudio de 3 x 4 x 2 metros en increíbles representaciones de otros mundos posibles. 

Porque hackear y mentir son las herramientas del cambio, porque hackear y mentir ahora son más necesarios que nunca.

PD: afortunadamente la #rEDUvolution está teniendo su eco mediático lo que está consiguiendo visibilizar la necesidad de cambio. Os dejo algunos de los enlaces a las entrevistas que me han hecho las últimas semanas....




3 comentarios:

Ruth dijo...

Esta discusión la hemos tenido los alumnos y yo cuando salieron los resultados y se hablaba del sistema chino o asiático o en que situación se podrían encontrar en un futuro ellos mismos ante estos informes.

La principal queja que surgía, y que no terminamos de resolver, es que existe una desconexión absoluta entre lo que se supone que es y debe ser la educación sobre el papel y lo que realmente se puede y se pide que se logre en clase.

Lo que si que encuentro un contrasentido absoluto es que si se supone que debemos preparar a los alumnos para ser ciudadanos, lo que incluye que sean empleables (objetivo muy claro en la LOMCE), este tipo de educación es totalmente fallido y se sigue patrocinando.

Al final parece solamente parece importar el cumplimiento de estadísticas, lo que significa, para mi, la objetivación absoluta de los alumnos en tanto números.

Nos queda mucho por delante.

Manuel Jesús Fernández Naranjo dijo...

Completamente de acuerdo en todo (http://bit.ly/1bvFBt9), menos en lo de "engañar". Entiendo que hackear el aula es una exageración que refleja lo lejos que estamos de hacer lo que deberíamos hacer y que la educación disruptiva, que tanto bien podría hacerle al alumnado, es algo demasiado lejano y escaso (no digo utópico) en el panorama docente y social que nos rodea. El problema no es que programemos para luego hacer otra cosa porque eso ya se viene haciendo siempre. El problema es que programamos sin cumplir la normativa, sino siguiendo las directrices de alguna editorial. Por experiencia se, porque llevo varios años haciéndolo, que si programo siguiendo la normativa, por competencias o por proyectos (http://bit.ly/1bvGdPq) o por flipped classroom (http://bit.ly/1gj4dsD), no tengo que engañar a nadie y cumplo la norma más que l@s que los que teóricamente engañan a la inspección con sus programaciones "editorializadas". Y en cuanto a PISA más de lo mismo: pan y circo. Si te animas, puedes colaborar en mi propuesta: el Informe #POSI_XXI (http://bit.ly/1bvFy0g).
Ah, y ya he encargado tu libro. Por cierto, ¿no es una contradicción con Pedagogías Invisibles "cerrar el aula"?

Ángeles Saura dijo...

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Pekka Himanen recogía en su libro "Ética Hacker" que es posible concebir la acción hacker no sólo en el ámbito de la computación, sino que otras profesiones podrían ser asumidas bajo ese calificativo. En este sentido emerge la idea de educación hacker. Un concepto que alude a la cultura abierta y al ejercicio apasionado y participativo de la actividad pedagógica.

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