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2014 Dopamina, empoderamiento y responsabilidad: sin cambiar la evaluación no cambiaremos la educación


“Si cuando evaluamos es imposible ser objetivos, por lo menos seamos honestos”
Clara Megias

Clara tiene siempre un sueño recurrente, un sueño en el que parece que va a morir y lo único que le preocupa es que no llega al examen que tenía programado. Es tal el nivel de autoexigencia que ha desarrollado desde niña con relación a los exámenes, que en sus peores pesadillas se repite esta angustiosa y terrorífica sensación de tener que llegar a una prueba en la que todos más o menos repetimos el ritual emblemático de la educación bulímica: atracón de datos, vómito y olvido sazonado con grandes dosis de ansiedad, miedo y desazón.


Uno de los problemas centrales de la actual crisis en la que vive lo pedagógico es sin lugar a dudas la problemática de la evaluación, un proceso que se ha vuelto el centro de la educación, lo que desbarata la posibilidad de que alguien aprenda. Tal como expongo en el capítulo cinco de #rEDUvolution, tenemos que aceptar el fracaso de la evaluación como un proceso efectivo: si funcionase no tendríamos los resultados que tenemos en las instituciones formales. Esta es otra razón por la que resulta imprescindible reflexionar sobre cómo, por qué y para qué evaluamos, teniendo en cuenta que lo que entendemos por evaluar, y su principal herramienta, calificar, consisten en representar numéricamente lo que consideramos que ha aprendido un estudiante con el objetivo de legitimar su paso de un nivel a otro. Es una tarea específica de la educación reglada, la cual necesita un apoyo legal para justificar quiénes avanzan y quiénes no. Es decir, la evaluación es una prolongación de los sistemas de legitimación del Estado en la educación: su existencia realmente no tiene que ver con el aprendizaje, tiene que ver con la validación de saberes, con mecanismos artificiales que la sociedad occidental requiere para establecer comparaciones y organizar las clases sociales sirviéndose para ello de la escuela, la universidad y otras instituciones.


Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer? La evaluación no debe ser un arma, sino una ayuda, debe ser una herramienta para que el aprendizaje suceda en vez de ser precisamente su freno. Pero, debido a que soy realista y sé que es imposible abolirla, mi propuesta de cambio parte de tres propuestas: la idea de descentrarla (que es exactamente lo que ocurre en los actos educativos no formales donde el aprendizaje sucede sin la obsesión por los resultados cuantitativos); transformarla en investigación y utilizar métodos cualitativos para ejercerla desde la práctica y, por último, aceptar que el paradigma numérico positivista no es más que uno de los sistemas de representación posibles y empezar a crear otras formas de representación del aprendizaje.


Por todas estas razones, en la quinta sesión de la Escuela de Educación Disruptiva que tuvo lugar el pasado 24 de mayo, nos preguntamos, tal como hacen numerosos profesionales preocupados por el cambio de paradigma, si la evaluación mata la educación. Y para ello invitamos a tres agentes que trabajan alrededor de este tema como Sebastián Barajas autor del libro Aprender es hacer o cómo adaptar el sistema educativo al siglo XXI, Carlos González Tardón profesor de la U-TAD y experto en evaluación gamificada y Lucía Sánchez Madrid, profesora de Educación Plástica y Visual en la Educación Secundaria Obligatoria, quien ha desarrollado un sistema de evaluación completamente disruptivo.



La sesión comenzó con la presentación del tema por mi parte y por parte de Clara Megías (sí, la misma Clara que no podía llegar al examen) de los dispositivos de gamificación de la sesión, diseñados entre Carlos y ella, que consistían en unas brochetas de papel rojo o verde y unas galletas de la suerte. Estos materiales forman parte de la metodología de trabajo de la #EED y funcionan como detonantes que, insertados dentro de la dinámica global, rompen el formato y estimulan la participación.



Fue entonces cuando dio comienzo la primera conversación de la jornada centrada en cuestionarnos la validez de los exámenes y en la propuesta de Sebastián como alternativa a los mismos: la Educación basada en Escenarios de Aprendizaje. Cuando le pregunté a Sebastián si consideraba que la evaluación mata la educación, lo tuvo clarísimo, contestó que sí, y puso dos ejemplos imbatibles para demostrar la ineficacia de los exámenes: ¿seríamos capaces los conductores de la sala de aprobar en este mismo momento el examen que hicimos en su día para sacarnos el carnet? ¿Aprobarían los exámenes puestos por sus compañeros el resto de los profesores de cualquier claustro? Comparto completamente con Sebastián la idea de que los exámenes no sirven para nada o, incluso aún peor, sirven para ejercer ese tipo de pedagogía que intentamos cambiar, ese modelo obsoleto que solo persigue el control, la anticreación de conocimiento y la sumisión intelectual. Como alternativa a la evaluación tradicional, al igual que Roger Schank, propone la Educación basada en Escenarios de Aprendizaje, un sistema de aprendizaje donde se valida el aprender haciendo, incluso en los procesos de evaluación.


Tras la conversación con Sebastián llegó la conversación con Carlos, quien comenzó haciéndonos saltar para demostrar la potencia electrizante del juego, la eficacia de lo disruptivo. Lo primero que le pregunté fue qué significaba el término gamificación a lo que respondió que consiste en obtener la estructura de los videojuegos e insertarla en ámbitos no lúdicos y desde allí vinculamos la gamificación con la evaluación, es decir, trasladamos las dinámicas de juego al espinoso tema que nos ocupa lo que se puede denominar como evaluación gamificada. El discurso de Carlos se basó en tres ideas clave, dopamina, empoderamiento y responsabilidad, esto es, para conseguir que la evaluación realmente conduzca al aprendizaje lo primero (y con esto volvemos a conectar con Francisco Mora y la Neuroeducación), necesitamos cargar el proceso de emoción, electrificarlo. 


Necesitamos que, en vez de ansiedad y pesadillas, la evaluación sea entendida como un reto con los niveles de segregación de dopamina que los retos conllevan, es decir, necesitamos reconectar la evaluación con el placer. En segundo lugar, los procesos evaluativos tienen que empoderar al estudiante, teniendo en cuenta que por empoderamiento Carlos sobre todo entiende participación. Ya sabemos que el aburrimiento es el mayor enemigo del aprendizaje y los estudiantes se aburren en nuestras clases porque no les dejamos participar, por lo tanto debemos de incluir mecanismos de participación en la evaluación a partir de los cuales los estudiantes entiendan esta parte del proceso de aprendizaje como una construcción más, en vez de como un proceso completamente ajeno, cerrado, doloroso y absurdo. Y, para terminar, la evaluación ha de estimular la responsabilidad. 


Esta idea resulta clave porque en mi experiencia como estudiante siempre he pensado que mis notas poco o nada tenían que ver con mi participación en el proceso, sino que tenían que ver más bien con la suerte que me tocara. Por esta razón, la evaluación del siglo XXI debe de estimular la responsabilidad evidenciando que el aprendizaje es un proceso en el que lo que ocurre es la consecuencia directa de lo que hemos hecho con anterioridad como creadores de conocimiento en vez de un proceso mágico donde todo depende del estado de ánimo del profesor cuando corrige. Carlos ilustró estas tres ideas con su propia práctica docente, completamente cuantitativa, que gamifica a tope y que consigue que sus alumnos salgan del simulacro, aprendan de verdad y encima lleguen superpuntuales a clase.


Para llevar a la práctica las nociones tratadas en las conversaciones de la mañana, después de la comida, tuvo lugar el Taller de Evaluación Creativa diseñado por Lucía Sánchez quien, tras explicarnos el trabajo que está realizando en su práctica docente como profesora de la ESO (que se configura a su vez como el tema principal de su tesis doctoral) y entre otras muchas cosas interesantes (que se pueden disfrutar en los vídeos de la sesión), hizo hincapié en una idea central: la imposibilidad de que cualquier proceso evaluativo sea objetivo. Desde el momento en el que una persona juzga un producto realizado por otra, el inconsciente se vuelve a colar y lo que alguien representaría con un ocho, otro alguien representaría con un cero, siendo las pedagogías invisibles las que en muchos casos nos hacen subir la nota a los estudiantes que nos gustan y bajársela a quienes nos molestan. Debemos poner encima de la mesa esta realidad y empezar a ser honestos.


En el pasillo donde se realizan los talleres nos esperaban seis cajas, seis cajas cerradas que disparaban nuestra expectativa sobre lo que había dentro, ejercían la sorpresa y hacían crecer nuestros niveles de dopamina. Nos dividimos en seis grupos para abrirlas: una de ellas contenía piezas de fieltro, la segunda fichas para hacer un puzle, la tercera pajas de colores, y agua y jabón para hacer pompas, la cuarta marcos de colores y rotuladores, la quinta una libreta de papel y la última, lanas y otros tejidos. Mediante todos esos materiales, los participantes representamos lo que habíamos aprendido en las conversaciones de la mañana sin números y sin letras, dando fe de que no solo se puede representar el aprendizaje de miles de maneras diferentes y a través de muchos lenguajes, sino que los sistemas de representación cualitativos son mucho más complejos y, por lo tanto, mucho más veraces que los sistemas de representación numérica positivista.


Si queremos ejercer el cambio y abandonar un sistema obsoleto que no nos representa, no podemos cambiar el resto de nuestras prácticas sin cambiar también la evaluación. Descentrarla, transformarla mediante diferentes formatos y conseguir empoderar a la comunidad de aprendizaje a través de ella, en vez de ejercer el miedo y el control, es definitivamente uno de los retos que tenemos como profesoras y profesores del siglo XXI. Cambiar los sistemas de evaluación no solo es necesario, sino que es posible. Adelante, podemos.   


2014 Ir a la escuela para aprender a pensar en vez de ir a la escuela para aprender a aburrirte: la emoción como elemento clave del proceso de aprendizaje


Recordemos nuestras clases y seamos lo más objetivos posibles. Recordemos la sensación narcotizante que sentíamos al entrar por la puerta, al tirar la mochila en el suelo, al sentarnos en la silla de la forma más dejada posible. Recordemos las expectativas que habíamos desarrollado sobre las interminables ocho horas de aburrimiento, de antiparticipación, de convertirnos en un elemento tan triste y tan incómodo como el aula que nos albergaba… Recordemos el tedio, la inmovilidad y el (des)aprendizaje. El cuerpo es el gran olvidado de la pedagogía. La educación tradicional normativa nos ha hecho creer que lo que verdaderamente importa es la cabeza, lo intelectual, el pensamiento, todo lo que sucede en la parte superior de nuestros organismos de manera que poco o nulo interés ha mostrado por lo que hay más allá de lo que sustentan nuestros hombros…


Por todas estas razones, en la cuarta sesión de la #Escuela Educación Disruptiva hemos querido trabajar a fondo los capítulos tres y cuatro de #rEDUvolution y llevar las emociones hasta el aprendizaje. De la misma manera que en las sesiones anteriores hemos reivindicado trabajar en el aula con recursos que normalmente están vetados como los dispositivos móviles y las redes sociales, en la cuarta sesión celebrada el sábado veintidós de marzo, trabajamos el diseño, la arquitectura, las emociones y el humor, de manera que seamos capaces de incorporarlas en nuestra práctica docente como herramientas habituales.

Cometas (Rosan Bosch)

Los espacios y el mobiliario en la educación tradicional no solo son recursos olvidados sino que, por el contrario, constituyen recursos que parecen diseñados para impedir el aprendizaje: todos recordamos sillas en las que es imposible estar sentado más de media hora, mesas que sirven como barreras, una iluminación artificial que produce dolor de cabeza, puertas ruidosas que están siempre cerradas… La #rEDUvolution invita a todos los docentes, a todos los directores de escuelas y especialmente a los legisladores que distribuyen los recursos económicos, a repensar cómo deberían ser los espacios educativos. De la misma manera que resulta un lugar común que aeropuertos, bancos o museos deben de ser lugares efectivos y hermosos, debemos  reivindicar el papel decisivo de la arquitectura y el diseño en la educación, lo que Loris Malaguzzi (el genial impulsor de las escuelas de Reggio Emilia en los años 60) denominaba como EL TERCER PROFESOR y es que cuestiones como el mobiliario, los suelos, la temperatura o la ventilación (es decir, el ambiente) son factores clave y afectan al proceso de aprendizaje de manera profunda.


La cuarta sesión de la #EED comenzó con la recuperación del diseño como una herramienta profundamente relacionada con el acto de aprender, tema desarrollado por la diseñadora holandesa afincada en Copenhague Rosan Bosch la cual, curiosamente, fue educada en un centro Montessori hasta que tuvo 12 años.  Rosan tuvo un momento eureka cuando un buen día les preguntó a sus hijos qué era lo que más les gustaba del colegio y ellos respondieron que lo que más les gustaba era el recreo. Desde entonces, y teniendo en mente que (aunque parezca increíble) los niños van a la escuela para aprender a aburrirse, el principal objetivo del trabajo de Rosan ha sido crear espacios que consiguan que los niños vayan a la escuela para aprender a pensar, por lo que resulta imprescindible que les guste ir a todas las actividades programadas y no solo al recreo.


Rosan considera la curiosidad y los retos como elementos centrales en el aprendizaje y para que los estudiantes solucionen los problemas que los retos conllevan, son necesarios espacios que estimulen el cuerpo y permitan el movimiento, espacios que fomenten el aprendizaje y la emoción en vez de espacios narcotizantes. Rosan se da cuenta de que lo importante es crear ambientes donde la comunidad educativa aprecie el reto y les devuelva la pasión por aprender. Así que su trabajo se puede resumir en tres palabras:

diseñar para motivar

En el año 2006 la Ordrup School de Copenhague http://www.designshare.com/index.php/case-studies/ordrup-school/ decide hacer la #rEDUvolution cambiado algunos elementos del mobiliario y los espacios, pero el resultado no funcionaba: los profesores estaban estresados, el aprendizaje no fluía y los padres sacaban a los niños de la escuela. Hasta que llegaron Rosan y Rune Fjord (arquitecto con el que en ese momento trabajaba) y establecieron seis meses de investigación con estudiantes y profesores previos a cualquier cambio. En este proceso se incluyeron dos elementos clave: unas alfombrillas creadas con recortes de moqueta que los niños transportaban de forma fácil hasta cualquier lugar y notas adhesivas donde se dejaban frases del tipo “Me gusta mucho esta mesa por su color”. Con toda  la información recogida durantes estos seis meses, la comunidad de la escuela reconoció el diseño como un factor clave, reconoció la importancia educativa del espacio y del mobiliario sin la necesidad de que los cambios les fuesen impuestos desde fuera, de manera que el aprendizaje en este casó fluyó y la Ordrup School se convirtió en una escuela referente. 


Tras la experiencia del Ordrup School, Rosan fue contratada por la red de escuelas públicas suecas Vittra en 2011 para rehacer por entero los espacios y el mobiliario de una de sus sedes, una escuela con 250 estudiantes de 6 a 12 años de edad, organizados en grupos de 10, que trabajan de forma simultánea (sin paredes ni aulas) y donde cada niño tiene un portátil con el que se tira por el suelo o se relaja en un sofá de manera que no son tan importantes las mesas y las sillas. Las escuelas Vittra se han convertido en un referente mundial, en uno de los ejemplos más interesantes que demuestran la importancia del diseño en el aprendizaje. 


En el trabajo de Rosan lo más interesante desde mi punto de vista es el componente intelectual y teórico, los objetivos que persigue mediante el concepto de adaptabilidad: el mobiliario y los recursos se adaptan al aprendizaje por lo que cambian dependiendo de la función que se requiera de ellos. Por ejemplo, necesitamos trabajar en grupo, pues cogemos mesas y sillas y nos organizamos en islas; que hay una presentación de proyectos, nos vamos a la Montaña y escuchamos por turno a los oradores; que hay que procesar unas fotos, sacamos unas esterillas y nos tumbamos en el suelo con nuestro portátil…El espacio se adapta al aprendizaje y facilita una educación individualizada, emocionante, una educación motivadora que te expande y te energiza; un tipo de aprendizaje Kite Education en oposición a la Rubber Band Education: mientras que la primera metáfora establece una imagen donde la cometa es el niño que se mueve libremente y que ocasionalmente es recogido por el adulto, la Rubber Band Education lanza y recoge a los niños una y otra vez sin permitirle ni el más mínimo grado de libertad. 

Jirafas (Francisco Mora)

Rosan acabó su exposición y Francisco Mora (autor del inspirador libro Neuroeducación: solo se aprende lo que se ama) y yo nos subimos al escenario. No pude más que empezar nuestra conversación con una frase que le había escuchado recientemente a Fernando Savater “La escuela es el lugar para aprender la razón: las emociones han de quedarse en casa”. Francisco resultó de mi misma opinión: Savater está totalmente equivocado.



Empezamos conversando sobre qué es la Neuroeducación: la necesidad de extraer los conocimientos que aporta la neurociencia cognitiva en conjunción con la psicología y llevarlos a las aulas con la finalidad de aprender y enseñar mejor. Esta ciencia ha llegado a la conclusión de que: “Hoy sabemos que la letra con sangre no entra. El castigo, el dolor como método para aprender es un método primitivo, consustancial con la supervivencia en otros tiempos duros de la humanidad. Pero lo ciertos es que hoy en los colegios nadie se juega la vida. Por eso se debe y se puede enseñar a través de la alegría, porque conocemos bien los sustratos cerebrales de esos procesos ”.


Me resultó verdaderamente esclarecedora la parte de la conversación en la que explicó la importancia de empezar las clases de forma provocadora, mediante una frase, un dibujo (o la existencia de una jirafa que entrase por una puerta del aula y se fuese por otra), ya que es algo que la #rEDUvolution demanda mediante el término detonante y que llevo utilizando en mis clases desde hace tiempo. Paco defiende que la enseñanza efectiva solo puede ser afectiva, porque los afectos mejoran la atención y sin atención no hay aprendizaje. Es imprescindible evocarla con mecanismos que la neurociencia empieza a desentrañar como la  expectación, lo inesperado y la sorpresa, potentísimos activadores de estímulos cerebrales que consiguen desarrollar la curiosidad, la atención y la motivación.



En sus últimas palabras antes de terminar, Paco dejó bien claro que necesitamos crear una nueva profesión, la de neuroeducador: una profesión que necesitará aprendizaje constante y actualizado por lo que es urgente impulsar a los gobiernos a desarrollar nuevas políticas educativas y la necesidad de aumentar la inversión económica en educación y en concreto en una formación disruptiva del profesorado. 

Codazos (elii)


Tras la comida la sesión continuó con el taller Aula Ficción o Ficciones Pedagógicas Negociadas desarrollado por el colectivo de arquitectos elii (everyday life invents itself) compuesto por Uriel Fogué, Eva Gil y Carlos Palacios. elii es una oficina donde la arquitectura se entiende como una representación del conocimiento a través de las estructuras, lo que la liga de manera profunda con la pedagogía. En la presentación del taller y tras explicarnos algunos de sus proyectos http://www.elii.es, nos hablaron de la nudge architecture (arquitectura del codazo), un tipo de arquitectura no resuelta que en vez de imponer, da una oportunidad al habitante, espacios que gestionan las tomas de decisiones de manera diferente a como hacen los espacios tradicionales que resultan fundamentalmente impositivos. elii trabaja desde una arquitectura del aviso, de la oportunidad, de la alternativa, creando lugares con direccionalidad abierta que enseguida me recordaron a Elizabeth Ellsworth y a las pedagogías regenerativas que invitan al profesor a diseñar modos de direccionalidad pedagógica abiertos en lo que se podría denominar como nudge pedagogy.


Y tras la presentación, llegó el momento de #aulaficción en el que invitaron a la audiencia a fantasear, no sobre el aula necesaria, sino sobre el aula deseada: quizás deseemos agua en el aula y por lo tanto se haga necesario un jacuzzi, o quizás queramos que nuestra clase se desarrolle en un vagón de metro para potenciar la sensación de provisionalidad….Ficcionar sobre lo imposible, hace lo posible más cercano y esto fue precisamente lo que los asistentes construyeron en el suelo al más puro estilo Dogville.


Neuromeriendas (Joaquín Reyes)

La emoción de la sesión iba en aumento y, en consecuencia, también iba en aumento el aprendizaje. La audiencia esperaba el final con verdadera expectación, ya que Joaquín Reyes, el gran cómico, ocuparía la última conversación. Introducir a Joaquín Reyes en una sesión sobre pedagogía ha sido uno de los momentos álgidos de mi carrera en mi constante intención por salirme de lo normativo e hibridar las ciencias de la educación con otros mundos. Y es que el humor está en absoluta conexión con la emoción y es algo que falta en las aulas. Reivindicar el humor como una herramienta pedagógica no es una demanda banal porque reivindicar el humor es reivindicar el placer, la generación de endorfinas y de dopamina, sustancias relacionadas con la experiencia profunda, la memoria y, por lo tanto, el aprendizaje. Sustancias que se generan mientras jugamos, cuando comemos, cuando tenemos relaciones sexuales, y cuando nos reímos, pero que no se generan si entendemos el aprendizaje como la triste sucesión de toma de apuntes, memorización falsa y vómito bulímico. 


Por esta razón, en el diseño del programa de la #EED, nos parecía fundamental que alguien como Joaquín viniese a hablarnos de su trabajo, un tipo de humor ácido que nos hace pensar, totalmente relacionado con el arte contemporáneo (ya que estudió Bellas Artes) y que rompe el formato. Desde la #EED, consideramos a Joaquín Reyes como un productor cultural y un artista contemporáneo, por lo que su figura representa de manera perfecta el modelo productor cultural, de DJ que demandamos también para la figura del docente.


Para empezar, la obra de Joaquín Reyes (cualquiera de sus series, sus Celebrities, etc.) se basan especialmente en explorar lo narrativo. Y es una realidad que a la mayoría de los estudiantes les pone mucho más ver una buena serie o jugar a un videojuego que ir a clase. Recuperar lo narrativo en la educación resulta urgente y necesario ya que, tal como nos habían contado antes Rosan y Francisco, sin ese factor narrativo el aprendizaje no sucede. El extrañamiento es otro de los conceptos que seleccionamos para hablar con Joaquín, ya que sus producciones culturales fomentan la sensación de extrañamiento que demandamos mediante la #rEDUvolution en lo pedagógico. Para Joaquín, el extrañamiento es la antesala de su humor y por eso lo explota desde los nombres de sus producciones (pensemos en Muchachada Nui hasta Museo Coconut) hasta en las caracterizaciones, que son histriónicas de manera explícita. Junto con todas estas reflexiones sesudas, Joaquín salpicaba su charla con sus geniales ocurrencias como cuando dijo “Nadie se ríe de aburrimiento” o que Francisco Mora y él eran colegas y que hacían “Neuromeriendas…”.


Pero, no debemos olvidar que el trabajo de Joaquín no es hacer reír sin más, el pensamiento crítico es parte inherente de sus producciones y esta es la razón por la que consideramos su obra muy cercana al arte contemporáneo y por lo tanto, completamente rEDUvolucionaria: lo narrativo, el extrañamiento, la sorpresa y todas las herramientas vinculadas a la emoción son empleadas para repensar la realidad y desarrollar el conocimiento propio enlazando esta conversación final con la charla de Rosan, Paco, Eva y Carlos.


Cometas, Jirafas, Codazos y Neuromeriendas: un diseño pedagógico que nos deja libres, un animal que produce sorpresa, una estructura espacial que nos permite intervenir y un concepto que nos hace reír a carcajadas. Dejemos atrás la inmovilidad, el aburrimiento, las jaulas y el miedo: solo si trabajamos la emoción aprenderemos a pensar en vez de aprender a aburrirnos. 

2013 rEDUvolution: o por qué es necesario un vídeo para explicar un libro






El día 2 de Octubre sale a la venta mi quinto libro rEDUvolution: hacer la revolución en la educación, un texto en el que llevo trabajando dos años y que se publicará en la colección Contextos de Paidós. Este es un texto en el que además de innovar en el contenido me ha parecido fundamental innovar en el formato por que sería completamente absurdo defender la narratividad y el lenguaje visual en el aula y editar un material que no atendiera a estas características. Y para lograr este propósito la profesional que se ha ocupado de la parte visual ha sido Clara Megías. Clara es profesora, música y artista visual. Comparte todas y cada una de las demandas de la rEDUvolution y, como se verá más adelante, ha sido capaz de comunicarlas visualmente formando equipo con Amanda Robledo, las hermanas Cámara y Elisa González, productoras culturales todas ellas incapaces de diferenciar dónde empieza su trabajo como artistas visuales y dónde acaba su trabajo como educadoras. Y en consonancia con esta preocupación por transmitir el conocimiento visualmente Elisa González ha realizado el vídeo de promoción del libro en el que ha plasmado visualmente las principales ideas que quiero transmitir.  

La primera de ellas tiene que ver con la realidad de que en el momento en el que estamos viviendo, asistimos día a día a situaciones que tan solo hace unos años nos hubieran parecido inverosímiles. Si miramos el mundo del periodismo, resulta que los diarios, ese soporte de información que parecía sagrado e inamovible, que comparaban y leían con total credulidad millones del personas, se encuentra casi en vías de extinción. Debido a la expansión de Internet, el periódico en formato papel es cada día menos utilizado, al mismo tiempo que esos mismos diarios no saben todavía cómo rentabilizar sus formatos on-line. Ahora miremos el mundo de la música, también convulsionado por nuevas formas de distribución basadas en la red, en las que los papeles tradicionales están cambiando a un ritmo acelerado, lo que genera grandes discusiones y pocas soluciones en cuanto a problemas que parecían cerrados en torno a la autoría o a la propiedad intelectual. Y volvamos a mirar las relaciones sociales, donde millones de personas se conocen, se atraen, se reúnen y hasta se dejan por WhatsApp, Facebook o Twitter. Miremos la medicina, la biología, la cocina (pensemos en Ferran Adrià), las artes visuales, la literatura, y ahora miremos la educación.

¿Qué vemos? Vemos un aula, un lugar cerrado y aislado del mundo, vemos una figura de pie y unas cuantas figuras sentadas, vemos que detrás de la figura que está de pie hay una pizarra (puede que sea electrónica, pero solo la maneja la figura que está de pie), vemos que las figuras sentadas están quietas mientras que la que está de pie deambula por los estrechos pasillos que dejan las mesas apretadas debido a que hay menos espacio del necesario. De repente suena una sirena, las figuras sentadas se levantan, recogen sus cosas y se van. Pasan cinco minutos y aparecen otras treinta figuras que miden, se comportan y visten prácticamente igual que las que se acaban de ir… ¿no serán las mismas? Estas figuras se sientan y vuelta a empezar. Así desde las nueve de la mañana a las cinco de la tarde. De lunes a viernes. Todo el mes. Nueve meses al año. En la universidad, en la educación secundaria, en un curso del INEM, en un seminario sobre estudios mesopotámicos, en una conferencia en un museo, en la educación primaria, en unas jornadas sobre física nuclear…

Mientas todo cambia, y especialmente los sectores e industrias relacionados con la gestión del conocimiento, el mundo de la educación permanece igual que hace mucho tiempo, anclado en un paradigma más cercano al siglo xix y a la producción industrial que a las dinámicas propias del siglo xxi, líquidas, posmodernas e impredecibles, tales como las que vivimos día a día. La pregunta que propongo que nos hagamos es: ¿cómo puede ser que el resto de los sectores se encuentren seriamente amenazados y a la espera de ser drásticamente transformados mientras que el sector de la educación permanece impasible, sin alteraciones, de manera que los espacios pedagógicos, nuestro sistema educativo formal especialmente, sigue monolíticamente construido y sin apenas visos de cambio? Sinceramente, creo que es necesaria la rEDUvolution o, lo que desde hace algún tiempo se viene llamando revolución educativa.
 La segunda idea clave del vídeo tiene que ver con otra de mis demandas eternas,  la realidad de que el aburrimiento continua siendo la base de un sistema obsoleto que no busca el aprendizaje sino la certificación y en el que evaluación es el centro de un proceso bulímico donde lo importante es tragar, vomitar y olvidar la información…Para conseguir que el aprendizaje suceda tenemos que hacer la revolución educativa, pero…¿cómo llevarla a la práctica? Tenemos a nuestro alrededor cada vez mas autores que demandan este cambio como es el caso de María Montessori, John Dewey o Paulo Freire (pero que, desgraciadamente, siguen siendo excepciones que confirman la regla), así como es importante señalar que en el momento actual son muchos los docentes que claman desde las redes sociales, desde las charlas TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) y desde las aulas por la revolución educativa, y que en este texto encontrarán conceptos y pensadores con los que se encontrarán identificados. Algunos son profesionales más o menos mediáticos, como, Alejandro Piscitelli, Eduard Punset o José Antonio Marina –desde un contexto hispanohablante– o Elizabeth Ellsworth, bell hooks (Gloria Jean Watkins), Ken Robinson, Sugata Mitra o Henry Giroux, desde un ámbito anglosajón, así como autores de otras procedencias como Jacques Rancière o Francesco Tonucci.
Todas y todos ellos nos alientan a iniciar la rEDUvolution mientras que en este texto lo que encontrarás es como llevarla a la práctica a partir de las cinco ideas clave que se explican en la tercera parte del vídeo:

Primera. Aceptar que lo que enseñamos no es lo que los estudiantes aprenden
Segunda. Cambiar las dinámicas de poder
Tercera. Conseguir que el aula pase de ser un NO lugar a un lugar habitado
Cuarta. Pasar del simulacro a la experiencia
Quinta. Diseñar procesos de evaluación creativa

Para terminar, es importante decir que hemos concebido un libro como una herramienta que queremos compartir entre todas y todos creando un equipo de docentes rEDUvolucionarios: trabajar sobre los temas, proponer nuevos, compartir materiales es el sentido que tiene la página que hemos abierto en Facebook para sentirnos comunidad de manera que el libro, el vídeo y la página de FB componen un conjunto de herramientas para llamar la atención, conocer y compartir.


Adelante: inicia y comparte tu propia rEDUvolution!!!  

2013: ¿Decoradoras o intelectuales? Cuando las profesoras de plástica dejan de ser falsas decoradoras o por qué todos los centros educativos deberían de tener una artista en residencia



Por la mañana temprano, casi antes del amanecer, Clara y yo salíamos a dar un paseo alrededor de la residencia donde nos alojábamos. Después desayunábamos un tinto y un tamal en un bar cercano hasta que a las diez, invariablemente, Gustavo venía a recogernos. Gustavo Ortiz, director del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, tiene unos ojos azules quizá más intensos que los míos y un pelo rizado y cobrizo que acentúa la posibilidad de que nos pregunten si somos familia. Esa mañana, en vez de llevarnos en coche, caminamos unas manzanas por Minuto de Dios (la colonia que con su nombre continua dando fe de que en Colombia el Realismo Mágico no es solo una forma de literatura) hasta llegar a la parada del Transmilenio.

Nos metimos en un vagón atestado de gente en dirección Centro y nos bajamos en el barrio de Nogal donde pequeños chalés con frondosos jardines se alternaban con edificios de media altura que, en definitiva, nos hacían parecer que estábamos en otra ciudad. Allí nos encontramos con Juliana Angel Daki, directora de Los Principitos Agencia de Transformación Cultural y una de las participantes del seminario La educación artística no son manualidades que habíamos estado impartiendo unos días antes. Juliana había sido muy insistente en su sugerencia de que visitásemos el centro educativo donde acudía su hija así que en el único día que nos quedaba libre decidimos ir a visitarlo.

La insistencia de Juliana tenía que ver con la realidad de que aeioTU (http://www.aeiotu.com) es un conjunto de centros educativos infantiles que entre sus muchas peculiaridades tienen una a destacar: cada año convocan un programa para que un artista en residencia desarrolle un proyecto y esta característica (no puedo seguir escribiendo sin reseñar que es uno de los procos centros infantiles que he visitado donde Disney no forma parte central de las representaciones visuales presentes) lo convierte en uno de los pocos lugares dedicados a educar a niños y niñas desde el Paradigma del Arte como Conocimiento.

Como ya he señalado en otras ocasiones, uno de los problemas más graves que tenemos los que nos movemos en el terreno de la Educación Artística es el que nos utilicen para decorar los centros en los que trabajamos, problema que encuentro recurrentemente en muchos de los lugares que visito. Dentro del Paradigma de la Educación Artística como Manualidades, todos los años y en todos los contextos educativos, desde la educación infantil a la superior, hay un momento en el que alguien sugiere la posibilidad de que la profesora de Plástica decore los tristes pasillos de la institución. Una sugerencia ante la que no podemos negarnos por que se sobre entiende que esta es una de las funciones de las artes visuales: decorar las paredes. Por esta razón la profesora de Plástica y sus estudiantes utilizan cartulinas y fotocopias para rellenar los vacíos pasillos y que todo el mundo se quede contento, especialmente el director del centro que es el encargado de enseñar a los padres los “fantásticos” trabajos que sus hijas e hijos hacen en centro en cuestión.

De esta manera, las artes visuales son utilizadas de manera completamente instrumentalista, se desligan de los principios sobre los que se asienta una visión intelectual de las mismas, en muchos casos se utilizan como soporte para visualizar otras asignaturas y para colmo de males, se utiliza a la especialista en artes visuales en lo que podemos denominar como La falsa decoradora, esa figura a la que se le obliga a perpetrar la confusión entre artes visuales y decoración.

Nada más abrir la puerta y adentrarnos en el recinto de aeioTU la figura de La falsa decoradora se esfumó: desde la propia puerta, diferentes objetos transformaban en experiencias intelectuales nuestras visita de la mano de Yuli Astrid Riaño Cárdenas la artista que había ganado la residencia ese año (2012) y que nos mostró los dos centros de Nogal al tiempo que nos comunicaba la parte teórica de su propuesta basada la necesidad de incorporar el reciclaje como forma de vida y el color y las texturas como herramientas de creación de significado.

El proyecto general se subdividía en diferentes microproyectos: el jardín estaba construido con lo que se denominan ladrillos ecológicos y que consisten en botellas de plástico rellenas de papel reciclado y prensado con una durabilidad mayor a la de un ladrillo normal; sobre la entrada estaban suspendidas bombillas rellenas de pigmento al tiempo que cada clase, cada pasillo, el comedor, los baños y cada aula constituían micro universos de colores y texturas bañados por luz natural a raudales.
El trabajo de Yuli Astrid Riaño Cárdenas se asentaba en una serie de principios que lo hacían emigrar desde las manualidades al conocimiento al ser un proyecto:

Permanente frente a temporal: el proyecto de la artista en residencia se elabora durante los 9 meses del curso escolar y no solo en determinadas fechas celebratorias 

Total frente a parcial: las actividades y objetos diseñados por la artista se utilizan en TODO el centro y no solo en los pasillos
Central frente a periférico: las artes visuales constituyen el núcleo del proyecto de la institución siendo la comunicación visual sobre la que se cimientan el resto de las disciplinas en vez de una asignatura maría marginada dentro del currículum

Intelectual frente a manual: la artista en residencia diseña un proyecto site especific para aeioTU que fundamenta teóricamente y que ha de abordar alguna cuestión contemporánea crítica. En el caso que tuve el placer de presenciar, el tema de la ecología y la sostenibilidad constituía el eje del trabajo de la artista que se prolongaba con el trabajo de los niños y niñas, de las maestras y de las familias a los que empodera como coautores

Transformativo del lugar en vez de contemplativo ya que convierte el lugar en un territorio habitado por sus usuarios en vez de entender el centro como un lugar solo controlado espacialmemte por la administración


Cuando cerramos la puerta y nos encontramos de nuevo en la calle, Juliana, Clara Gustavo y yo nos quedamos cinco minutos parados, pensando sin hablar. Las estancias que acabábamos de traspasar se fundían con la voz de Yuli contando su propuesta empoderada por un centro que le había permitido llevarla a la realidad. De repente quería estar en mi casa y transformarla en un lugar como el que acababa de ver y que me había hecho pensar en tantas cosas. La combinación de una institución creativa y una artista-educadora inteligente habían hecho posible un lugar donde cada pieza, cada conjunto de objetos, cada luz que entraba por la ventana se convertía en un motivo para aprender….

Debemos de defender nuestro papel como intelectuales y negarnos a realizar acciones cosméticas que denigran nuestra posición y la concepción del arte como vehículo de conocimiento. Lugares como aeioTU consiguen que se comience a respetarnos como las verdaderas productoras culturales que somos.