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2012 Del museo como espacio para el miedo al museo como espacio para la felicidad: trabajando los espacios culturales desde la perspectiva de las micronarraciones


Esta semana he estado en dos museos. Y en los dos me he sentido feliz. Y me he sentido feliz por que ambos lugares me han dejado ser la autora de mi propio discurso: en vez de aplastarme con todo aquello que ambos museos querían decir sobre mi, he sido capaz de narrar la historia que me interesaba sobre ellos. Y no ha sido fácil. Me explico.
El lunes siete viaje hasta Oporto invitada por el Museo de la Moneda (y en concreto por Amelia Cupertiño directora del centro) y por Alice Semedo (profesora de museología en la Universidad de Porto) para participar en el evento “Museos participativos: cuestiones de accesibilidad, sustentabilidad y otros manifiestos”. La mayoría de los muchos museos de Porto estaban representados en la jornada así como otros profesionales relacionados con la educación artística como Teresa Ecca o Joao Queiroz.
Me perdí el principio (sobre todo me dio pena no asistir a la charla de Jocelin Dodd Directora del Research Centre for Museums and Galleries de la Universidad de Leicester) pero llegué a la parte de la sesión en que, divididos en grupos, trabajamos para hacer diferentes manifiestos sobre los museos. A mi todo esto me pareció alucinante ya que llevo tanto tiempo trabajando la idea de los manifiestos en la educación y cuando acababa de leer el increíble manifiesto de Orhan Pamuk sobre los museos hacia pocos días. Tras una excelente comida, como ocurre siempre en Portugal, dio lugar la segunda parte del evento en la que tuvo lugar mi intervención. En un principio, conseguí borrar las sombras de siesta debido a que pedí a las asistentes quitarse los zapatos y subirse a la sillas: nada mejor para hablar del miedo que experimentarlo

Y así fue, con el miedo pegado a la piel, donde comencé a hablar de ese museo que nos humilla, que nos baja la auto estima, que nos deja como ignorantes, ese museo que funciona como un macrorelato y que ya sea desde la historia, desde las artes o desde la ciencia, no nos tiene en cuenta como individuos, nos borra del mapa. Reivindiqué la rEDUvolution en los espacios culturales como un sistema de reparto simétrico del poder donde los espectadores tienen la oportunidad de trabajar su identidad desde las micronarrativas construyendo una visión diferente a la que nos presentan la familia, la escuela o los media. Fue una experiencia de felicidad, tanto intelectual como estética y gastronómica en la que aprendí tanto como enseñé.
El jueves tuvo lugar en Madrid un suceso que llevaba mucho tiempo esperando: la apertura del Espacio Fundación Telefónica, ya que en 2010 tuvo lugar un programa de formación específico para crear lo que hoy es el Departamento de Educación de dicho centro. 1.500 personas se acercaron a ver un lugar dividido en cuatro salas y un auditorio específicamente destinados a cuestiones educativas. En Fundación Telefónica Pedagogías Invisibles nos sentimos como en casa: recorrimos todas las salas, saludamos a todos los amigos y amigas y fuimos muy felices charlando, riéndonos y bebiendo cava.
Como dice Orhan Pamuk: “Estamos hartos de museos que intentan armar narraciones históricas de una sociedad, comunidad, equipo, nación, pueblo, empresa o especie. Todos sabemos que las historias cotidianas y ordinarias de los individuos son más ricas, más humanas y mucho más gozosas que las historias de culturas colosales”. Si entre todos los que trabajamos en los museos conseguimos que lo cotidiano y la experiencia se imponga ante la imposición y el simulacro, empezaremos a sentirnos felices en los museos: justo como me he sentido yo esta semana en dos de ellos.



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